De un árbol, una rama y mejor desgajada.
Hombre sabio, de sayas no hace caso.
En que poco agua te ahogas.
Piensa mal y acertarás, aunque alguna vez te equivocarás.
No gozar para no sufrir, es la regla del buen vivir.
El que antes de su muerte ha plantado un árbol, no ha vivido inútilmente.
Buen amigo es el gato, cuando no araña.
La mujer es gente en la letrina.
A la Virgen del Henar, unos van por ver y otros por mirar.
Al buen amanecer no te lo dejes perder.
Una de cal y otra de arena, hacen la mezcla buena.
Casa vieja de madera, pronto arde entera.
Hacer caldo gordo a escribas y fariseos.
La comida entra por los ojos.
Alternativa: Acabar a farolazos como el Rosario de la Aurora.
Las cosas de palacio van despacio.
Bueno es el mal que fue ocasión del bien.
La paja solamente se ve en el ojo ajeno.
Niña, no te desesperes, que el que ha de ser para tu, ni se casa ni se muere.
Ajo, ¿por qué no medraste?. Porque para San Martín no me sembraste.
Una hermosa puerta embellece una fea fachada
Un carbón ardiente, hace quemar al siguiente.
Todos son unos, muertos y difuntos.
Nunca falta quien te dé un duro, cuando no estas en apuros.
A las penas y al catarro, hay que darles con el jarro.
Que cada cual se rasque con sus uñas.
La ignorancia es la medicina, el conocimiento enfermedad.
La leña torcida da fuego recto.
Rebuznaron en balde, el uno y el otro alcalde.
A barba, ni tapia, ni zarza.
Rodar hacia abajo, no cuesta trabajo; rodar para arriba, eso sí que cuesta fatiga.
Boda de hongos, llámala bodorrio.
A cada uno lo toca escoger, la cuchara con la que ha de comer.
Si al pez le gusta el agua, el agua tratara bien al pez.
Manos duchas comen truchas.
El Sil lleva el agua y el Miño la fama.
Huyendo de la sartén dio en las brasas el pez.
Hay dos cosas, oh discípulo, que conviene evitar: Una vida de placeres; eso es bajo y vano. Una vida de mortificaciones; eso es inútil y vano.
A buen puerto vas por agua.
Amor con casada, solo de pasada.
Buena muerte es buena suerte.
La mujer holgazana, solo el sábado se afana.
Cuando pases por la tierra de los tuertos, cierra un ojo.
La lealtad se paga.
En caso de duda, la más tetuda.
Nunca faltan rogadores para mitigar las penas.
Flaco hombre, mucho come.
Me fui a confesar con un padre capuchino, y me puso de penitencia que me casara contigo.
En los ojos y en la frente se lee lo que el hombre siente.
Si te cuidad de los listos, seguro que te engaña un tonto.