El mal llama al mal.
Confiesa el delito el que huye del juicio.
Si eres pobre, no quieras hacer lo que el rico.
Esta lloviendo sobremojado
Hija que casas, casa que abrasa.
Cuando te den la vaquilla, acude con la soguilla.
Esfuerzo de vago, barriguera rota.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
En arca abierta, el justo peca.
Madeja enredada: quien te madejó, ¿por qué no te devanó?.
Caga más una vaca que cien palomos.
A donde va encuentra un problema
Para poner el rejo flojo, hay que meterlo en remojo.
El mal caldo, hirviendo y soplando.
Cuando el abad lame el cuchillo, malo para el monaguillo.
El mayor de los pesares es arar con borrico los olivares.
Los defectos son como los olores: los nota más la persona de al lado que el que los lleva
Mentiras de día y pedos de noche, los hay a troche y a moche.
El río, por donde suena se vadea.
Una carreta vacía hace ruidos.
Ser lento en dar es como negar.
El que mucho promete, poco cumple.
Riñen los ovejeros y perecieron los quesos.
Joven madrugador, viejo trasnochador.
Repicar y andar en la procesión implica contradicción.
Cada cual hable de aquello que sabe, y de lo demás que calle.
Dí lo que quieres, que yo no estoy en casa.
El pobre es rumboso; el rico roñoso.
Ni cabalgues en potro, ni alabes tu mujer a otro.
Quien tiene enemigos, no duerma, que hasta el escarabajo del águila se venga.
Quieres más o te guiso un huevo.
Donde hay hambre, las tripas cantan.
Golpear la cabeza contra un muro de ladrillos
La noticia mala llega volando, la buena, cojeando.
Comer de su propio cocinado.
Cada cual cuenta de la feria como le va en ella.
El que tiene boca, se equivoca.
El buen saber es callar, hasta ser tiempo de hablar.
No ruegues a mujer en cama, ni a caballo en el agua.
Poner toda la carne en el asador, no es lo mejor.
Se defiende más que un gato boca arriba.
Cerezas y mentiras, unas de otras tiran.
Al conejo y al villano, despedazarlo con la mano.
Quien mal cae, mal yace.
Ni hables como doliente, ni vivas entre vil gente.
Cada día gallina, amarga la cocina.
Da voces al lobo, respóndete el eco.
En tu casa no tienes sardina y en la ajena pides gallina.
¡Ay, caderas hartas de parir, y ninguna de mi marido malogrado!.
Cuando canta el cuco, una hora llueve y otra hace enjuto.