El que nació para buey desde chiquito berrea.
Lo que de la boca sale, del corazón procede.
De hambre a nadie vi morir; de mucho comer, cien mil.
Claridad, y no en el caldo.
Cuando dios da pan duro, da dientes fuertes.
En Septiembre, el que no tenga ropa que tiemble.
La gloria del amante es la persona amada.
Si la locura fuese dolores, en cada casa, habría voces.
Ni sábado sin sol, ni moza sin amor.
Amor que del alma nace, al pie de la tumba muere.
A quien tengas que dar de cenar, no te importe darle de merendar.
El hambre tira, y el orgullo me levanta.
Garganta de aduladores, sepulcro abierto
La paciencia, en los trabajos se prueba.
Encomienda sin renta, a su dueño no sustenta.
Dios castiga, pero no ha palo.
Honra sin provecho la digo pecho.
Jugar y pasear solo por recrear.
La cuenta de la cena, no es la que nos llena.
Donde no hay pan, se va hasta el can.
El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas.
Bromeando, bromeando, amargas verdades se van soltando.
El pecado te acusa.
Pájaro y flor, en abril buscan su amor.
Con promesas no se cubre la mesa.
Con la mujer y el dinero no te burles, compañero.
Los problemas nunca vienen solos.
Detrás de los pedos viene la mierda.
Doblada es la maldad que sucede a la amistad.
Según es el dinero, es el meneo.
Hasta la muerte, todo es vida.
En cada corral un solo gallo, y en cada casa un solo amo.
En apagando el candil, guapas y feas van por el mismo carril.
Gentes hay de mucho tono, que producen Solo abono.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.
Ron, ron; tras la capa te andan.
Boca de verdades, cien enemistades.
Buen alzado pone en su seno, quien escarmienta en mal ajeno.
El buey, arando en la loma, trabaja para que otro coma.
¡Fíate de la Virgen y no corras!.
El muerto y el ausente, no son gente.
La gota que derramó el vaso de agua.
Cuerpo sano, mente sana.
A los desgraciados les salen gusanos en la sal
Ha de salir la corneja al soto.
Para ser tonto, los libros son estorbo.
Tras cada pregón, azote.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
Oír, ver y callar, para en paz estar.