Casa hecha, bolsa deshecha.
Abad de Somosierra, hartos de nabos y berzas.
Quien bien te hará, o se te irá o se te morirá.
Mano blanca y gordezuela, puesta sobre el corazón, aumenta la palpitación.
Mayo sozona los frutos y Junio los acaba de madurar, y en él comienzan a coger y a lograr.
La paciencia es el puerto de las miserias.
El que tiene tierra, tiene guerra.
Favor hecho a muchos, no lo agradece ninguno.
Más claro, agua.
La edad no juega ningún papel, a no ser que se sea un queso.
La humanidad se divide en tres clases: los inamovibles, los móviles y los que se mueven.
Marzo trae las hojas y noviembre las despoja.
El caballo y la mujer, al ojo se han de tener.
Poco dinero, poco sermón.
Boca brozosa, cría mujer hermosa.
Al buey viejo múdale el pesebre y dejará el pellejo.
Con el amor está el temor
El amor es ciego, pero el casamiento encuentra la cura.
Caldo de gallina, a los muertos resucita.
El alma cruelmente herida, perdona pero no olvida.
Quien mucho vino cena, poco pan almuerza.
Ayúdate que Dios te ayudará.
No importa que nazcan chatos nomás que respiren bien.
Pan de trigo, aceite de olivo y de la parra el vino.
Más enseña la necesidad que diez años de universidad.
A más beber, menos comer.
Aburrimiento y nervios son contagiosos
No hay linaje sin putas ni muladar sin pulgas.
Chichas y chicharrones, en la matanza a montones.
Más puede Dios que el diablo.
Madura apenas la mora, y el mirlo se la devora.
Vivir de fiado es la manera de pagar el doble.
De oportunidades perdidas se encuentra llena la vida.
Ya están las migas en la poyata, y el que se descuide no las cata.
Cuando el hombre más tiene, más quiere.
Desdichas y caminos hacen amigos.
Si quieres matar a tu mujer, dale sardinas por San Miguel.
Pan y vino andan camino.
Toda demasía enfada y hastía.
La suerte es loca y a cualquiera le toca.
No hay mayor emoción que la de volver al lugar en que se nació.
Los pecados son cadena, unos eslabones a otros se agregan.
Chancla que yo tiro, no la vuelvo a recoger.
El vino es la ganzúa de la verdad.
Ninguno se embriaga del vino de casa.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
Los molinos de los Dioses muelen despacito, pero muy finito.
De copiosas cenas están muchas sepulturas llenas; pero de no cenar, muchas más.
A chico pié, gran zapato.
El amor es un rocío que humedece al mismo tiempo las ortigas y los lirios