La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
Dios da a cada hombre un gran predio: el tiempo.
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
Aunque no nos hablemos, bien nos queremos.
A la pereza persigue la pobreza.
Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena.
Alabanza propia, mentira clara.
Ruego y derecho hacen el hecho.
Para el amor y la muerte no hay casa ni cosa fuerte.
El que la hace riendo, la paga llorando.
El comer, es maestro del beber.
Haz favores y te los pagarán a coces.
Este mundo es casa de locos: cantan unos y lloran otros.
Mal lo aliña quien en sus tiempos no labró la viña.
La gente discreta, no suelta la jeta.
Para colmo de males, tratar con animales.
Al hombre casado, su mujer lo hace bueno o malo.
A las mujeres y a los charcos no hay que andarles con rodeos.
A la ruin oveja la lana le pesa, y al ruin pastor el cayado y el zurrón.
En la hacienda o el hogar, mejor atajar que arrear.
Al catarro, con el jarro.
Hay que ser puerco pero no trompudo.
Quien tuvo, retuvo.
Pan y vino andan camino, que no mozo garrido.
Tres al saco y el saco en tierra.
La riqueza del rico es su baluarte; la pobreza del pobre es su ruina.
El consenso es poder, la fe el alma del hecho
No tientes al diablo que lo veras venir.
A misa temprano nunca va el amo.
El aburrimiento lo padecen aquellos que no han vivido nada o han vivido demasiado
Favores: quien menos los merece, menos lo agradece.
Oye, ve y calla, y vivirás vida holgada.
Ni para carga ni para silla.
Son más los que mueren por comer que los que mueren de hambre.
Hay que poner las cartas sobre la mesa.
Dos buenos amigos en pleito acabaron, y cagajón para los abogados y el escribano.
Junto el dinero bueno con lo malo, todo ello se lo lleva el diablo.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
Comida de aldeanos, sin manteles, pero mucho y sano.
El amor encogido en poco es tenido.
Cada día tiene su trabajo suficiente.
La belleza y la tontería, van siempre en compañía.
Un día el lobezno se convertirá en lobo, aunque se haya criado entre los hijos del hombre.
La sugestión obra.
Hacerle a uno la pascua.
La avaricia y la ambición, congelan al corazón.
Del que tiene dineros suenan bien hasta los pedos.
Favores en cara echados, ya están pagados.
Reducimos nuestras necesidades haciendo menores nuestro deseos.
Quien no tiene rentas, que no lleve cuentas.