Después de la remolacha, ni vino ni muchacha.
Siempre le dan habas al que no tiene muelas.
El día para el trabajo; la noche para el descanso.
Cuentas claras conservan amistades.
Ratones y falsos amigos, huyen cuando oyen ruido.
El amor da al necio osadía y entendimiento.
De cuentos suele irse a chismes.
El muy sano, de la primera se va al camposanto.
Indios y burros, todos son unos.
El que pone al juego sus dineros no ha de hacer cuenta de ellos.
Juego y paseo, solo para recreo.
Quien debe y paga, no debe nada.
Descansa el corazón, contando su pasión.
Quien vive de recuerdos, vive entre muertos.
Antes di que digan.
Burlas de manos, burlas de villanos.
En lo ajeno, reina la desgracia.
Hablar hasta por los codos.
Castañas en cocción, en otoño o en invierno, buena alimentación.
Jeremías llora sus penas y no las mías.
Pasear llevando sobre los hombros una carga
Cada hombre lleva un loco dentro, y cada mujer un ciento.
Confianza, en Dios y en que sea gruesa la tabla.
No paramos de divertirnos porque estemos viejos. Estamos viejos porque paramos de divertirnos.
Quien de esperanzas vive, de hambre muere.
Bailarines en cojos paran.
El éxito o el fracaso, los forja uno paso a paso.
Quien compra al amigo o al pariente, compra caro y queda doliente.
No dejes para otros lo que no quieras para ti.
El enfermo quiere su vida, el médico quiere sus honorarios.
Culpa no tiene quien hace lo que debe.
A cada cabeza, su seso.
El que da lo que tiene a pedir se atiene.
El que hambre tiene, con pan sueña.
El que se brinda se sobra.
El día que te casas, o te curas o te matas.
Las palabras amables no cuestan nada pero valen mucho.
A casa nueva, puerta vieja.
Lecho y pan tener seguros, aún cuando sean algo duros.
Nunca olvides tu casa.
Manda y haz, buen ejemplo darás.
Una juventud que no cultiva la amistad con los ancianos es como un árbol sin las raíces.
El flojo y el mezquino recorren dos veces el camino.
Huerta sin agua, y mujer sin amor, no sé qué será peor.
A la mujer y al papel, hasta el culo le has de ver.
Si quieres ver a tu marido morir, dale berros en abril.
De la mar, el mero; y de la huerta, el puerro.
Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Atalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. Proverbios 3:3-4
Siembra quien habla y recoge quien calla.
Cada cual hasta la muerte, tiene que afrontar su suerte.