A celada de bellacos, más vale por los pies que por las manos.
Galope que mi caballo no lleva, en el cuerpo le queda.
Quien de paja su casa ha hecho, témale al fuego.
Aguja en pajar, mala es de hallar.
Agua sobre agua, ni cura ni lava.
Más vale la seguridad, que la policía.
Ni primavera sin golondrina, ni alacena sin harina.
El río pasado, el santo olvidado.
En casa del jabonero, el que no cae resbala.
Luna con cerco, lluvia y viento.
A comer, sé tu el primero; a pelear, el postrero.
Belleza de cuerpo no se hereda
De sol de tarde, Dios te guarde.
Que sabe de amores, el que nunca se ha casado.
A quien dices el secreto das tu libertad.
No estará muy triste, quien de rojo viste.
Perdona una vez; pero nunca tres.
Prestar, paciencia; dar los buenos días; y fiar; en Dios.
Es ley la que quiere el rey.
Una y no más Santo Tomás.
Dinero sin caridad, es pobreza de verdad.
El mundo da muchas vueltas.
El pudor de la doncella la hace aparecer más bella.
La boca de un hombre mayor está sin dientes, pero nunca sin palabras de sabiduría.
Pollo nuevo y vino anejo, hacen mozo al hombre viejo.
Pedir peras al olmo.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
Se llevarán bien la suegra y la nuera, cuando el burro suba la escalera.
Al amo comerle y no verle.
Las caras nos vemos, más los corazones no.
Juego de manos es de villanos.
Aceitunas: una oro, dos plata, la tercera mata.
Niebla en el valle, labrador a la calle.
¡En San Antonio, rayos y truenos!
De alabar el diablo el fruto, vino Eva a probarlo.
A fuerza de varón, espada de gorrión.
A "idos de mi casa" y "qué queréis con mi mujer" no hay que responder.
De tejas para abajo, todo el mundo vive de su trabajo.
Buena demanda o mala demanda, el escribano es mi banda.
Todo lo que vivimos es digno de ser vivido.
A golpe dado no hay quite.
No incluyas en la lista de tus amigos al hombre que aplasta sin necesidad un gusano
El ruin cuando más le ruegan, más se ensancha.
Más que fuerza vale maña, que el ingenio nunca engaña.
De soltera, fina y curiosa, de casada, gorda y asquerosa.
No puede el hombre huir la fortuna que le ha de venir.
Dios me guarde de mis amigos, que de mis enemigos ya me cuido yo.
Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
Hay quien se acuesta con las vacas y se levanta con los toros.
Oveja de todos, cómenla lobos.