Pan, vino y ajo crudo, y verás quien es cada uno.
Aldeana es la gallina, y cómela el de Sevilla.
No hay más sordo que el que no quiere oír.
El que en mentira es cogido, cuando dice la verdad no es creído.
Un hombre de respeto debe ser reservado, reflexivo y valiente en la batalla; todos (los hombres) deben mantener el buen humor hasta que el fin les llegue.
Cierra la puerta del establo antes que te roben la vaca.
Fruta de locos, míranla muchos y gózanla pocos.
La gracia de cada refrán, es decirlo en el momento y el lugar en donde van.
De alcalde a verdugo, ved como subo.
El que este libre de culpa que tire la primera piedra.
Juez que admite regalos, llevarlo a palo.
El que del campo viene, cenar quiere.
Cuando el sol no asoma en casa, el doctor viene a la casa.
Llámale a vino, vino, al pan, pan y todos se entenderán.
Quien no sabe bailar dice que los tambores no valen para nada.
Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno.
Del dicho al hecho hay largo trecho.
Saco de yerno, nunca es lleno.
Cosa hecha aprisa, cosa de risa.
Donde hay orden, hay bendición.
El necio se divierte con su mala conducta, pero el sabio se recrea con la sabiduría.
Después de el lunes viene el martes.
Si quieres ganarte un enemigo, presta dinero a un amigo
A carne mala, buena salsa.
No hay madre como la de uno mismo.
No es ni chicha ni limonada.
Haz bien, no te arrepientas, haz mal, te esperará a la vuelta de la esquina.
No me pongas palabras en la boca que no he pronunciado!
El amor entra por los ojos.
La actividad es la mercancía más conveniente
Un secreto bien guardé; aciértalo tú, que yo lo diré.
Obra de portal, dura poco y parece mal.
Deudas tengamos, pero amigos seamos.
A mujer bonita o rica, todo el mundo la critica.
Continua gotera orada la piedra.
Queda sin compañeros el hombre exigente hasta en los últimos detalles.
Molino parado no gana maquila.
A caballo brioso toca: o frenarlo o se desboca.
Burro empinado, por hombres es contado.
Una gota de tinta puede más que cien memorias privilegiadas.
Una sola palabra puede decidir un negocio. Y un solo hombre, la suerte de un imperio.
A camino largo, paso corto. Para cansarse menos.
De todos los santos a adviento, mucha lluvia y poco viento.
Quien de joven come sardinas, de viejo caga las espinas.
Consejo tardío, consejo baldío.
El pan sin ojos, y el queso con ellos.
Un maravedí sobre otro llegan a comprar potro.
Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.
El pasajero se conoce por la maleta.
Donde las dejan, las cobran.