No des consejo a quien no te lo pide.
Cada uno es para si y Dios es para todos.
Los dolores irreparables harían el papel más ridículo si se dejaran consolar.
Nunca les falta que hacer ni al cura, ni al diablo, ni a la mujer.
Quien teme la muerte no goza la vida.
Por pulido que sea, no hay culo que no pea.
Es fácil cambiar el curso de los ríos y las montañas, pero difícil cambiar la naturaleza de un hombre.
Más vale estar pelada que amortajada.
Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno.
Para saber hablar, es preciso saber escuchar.
Quien hace una pregunta es ignorante cinco minutos; quien no la hace será siempre ignorante.
No prediques en desierto, ni machuques hierro yerto.
La fortuna es veleta, nunca se está quieta.
La ilusión es la realidad de los que no tienen un real.
Del precipitar nace el arrepentir.
Dios está en todos lados pero atiende en la capital.
Por lo que uno tira, otro suspira.
El que quita la ocasión, quita el peligro.
Roer siempre el mismo hueso
El zapato malo malo, más vale en el pie que no en la mano.
Mujer ordenada, con poco lleno su casa.
Yo me quejaba que no tenía zapatos, hasta que me encontré a alguien que no tenía pies.
Quien cae no tiene amigos.
El dinero no da la felicidad; pero como calma los nervios.
Nada se puede esperar de quien no tiene hogar.
Hay que convivir; pero no conbeber.
Salud y pesetas y lo demás son puñetas.
Mal haya la espina que de suyo no aguija.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
Cuando un tonto coge una verea, ni la verea deja al tonto ni el tonto deja la verea.
Visto de lejos, un gitano parece un ser humano.
Quien no arrisca, no aprisca.
Ni huerta en sombrío, ni casa junto al río.
De dos bienes, el mayor; de dos males, el menor.
El que quiera engañar a un campesino, tendrá que llevar a otro campesino en su compañía.
No hay bonita sin "pero", ni fea sin gracia.
Un hombre con buen talento, vale por ciento.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
El que necesita, te visita.
Los libros, ¡cuánto enseñan!, pero el oro ¡cuánto alegra!.
Hace buena cuenta quien con lo suyo se contenta.
A la iglesia por devoción, y a la guerra por necesidad.
El burro cayendo y el amo perdiendo, los dos se van entendiendo.
Fue por lana el avispado, pero volvió trasquilado.
Al hijo del rico no le toques el vestido.
Justicia es agravio cuando no la aplica el sabio.
No caga el asno tan hondo, que no suba el husmo en somo.
Refranes de los abuelos, breve evangelio.
La ruana no hace al arriero, ni el vestido al caballero.
Malo es pecar, y diabólico perseverar.