Más vale pajarito en mano que pichón en el campo.
Estoy hasta las manos.
Febrero loco y Marzo otro poco.
Comparte la carga y ésta será más ligera.
Cuando el pobre se arremanga, hasta el culo se le ve.
La puta de Toro y la trucha del Duero.
Una tormenta de arena pasa; las estrellas permanecen.
Dar carne al lobo.
Del mal que el hombre teme, de ése casi siempre muere.
Deja lo afanado y toma lo descansado.
Las penas no matan, pero ayudan a morir.
Empezar con buen pie.
Bodas y aguas, como son guiadas.
Inclinar la balanza.
Un real de deuda, otro acarrea.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
El elefante muerto deja sus colmillos; el tigre, su piel; y el hombre, su nombre
El tiempo todo lo amansa.
Más vale un palabra a tiempo, que cien a destiempo.
A quien no tiene padre ni madre, Dios le vale.
Quién retozó de soltera, no diga nada de la ajena.
El cosechar y disponer de provisiones puede durar por largo tiempo.
Jabón y buenas manos sacan limpios paños.
¿Qué estás tomandooo ? Gallo, nuestra cerveza.
Una sola vez no es costumbre.
El hombre no vale por lo que tiene sino por lo que es.
Joven que nada duerme y viejo que siempre duerme, cercana tienen la muerte.
La buena vaina no hace buena la espada.
Muchas veces no son las cosas lo que parecen.
Casamiento sin engaños uno cada diez años.
Cada cual mire por su cuchar.
Castellano fino: al pan pan, y al vino vino.
Consejo femenil, o muy bueno, o muy vil.
El tiempo todo lo cura y todo lo muda.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.
Hombre harto, no es comilón.
Nadie fue escaso para quien bien quiso.
Se pasa tantas veces cerca del cementerio que al final se cae dentro
No hay caza perdida, sino la liebre asada y la perdiz cocida.
Lo malo nunca es bueno hasta que sucede algo peor.
Agua corriente, agua inocente.
Dádiva forzada no merece gracias.
El mirón mirar, pero sin chistar.
Más vale ir harto a misa, que ayuno a vísperas.
No acortes el paso, no aflojes ni desmayes.
Huir ciando es menester, con honra se puede hacer.
Hasta la hormiguilla tiene su colerilla.
Nadie es mejor que nadie.
No creas nunca en cielo serrano, lagrimas de mujer o cojera de perro.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.