El amor como las plantas florece mientras tiene raíces
Los hombres más importantes, se miden por sus amantes.
La virtud hace nobles y el vicio innobles.
A ellas padre, vos a las berzas y yo a la carne.
Todos somos hermanos bajo el ardiente sol.
El agua para un susto y el vino para un gusto.
De usar y abusar, hay el canto de un real.
Quien quiere bueno y barato, demora buscando un rato.
Patrimonio conjunto de bienes, matrimonio conjunto de males.
A tal señor, tal honor.
El tramposo, el codicioso y el tahúr, presto se conciertan.
No dejes lo bueno por lo hermoso, ni lo cierto por lo dudoso.
Hay que darle tiempo al tiempo.
Ni fíes, ni porfíes, ni arriendes y vivirás bien entre las gentes.
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
A la mujer y al aguardiente, ¡de repente!.
La fortuna es ciega y no sabe con quien juega.
Menea la cola el can, no por ti sino por el pan.
Quien dice adiós, sin marcharse, ganas tiene de quedarse.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
Cuando las dos partes arguyen muchas razones, el prudente cede primero.
El amor es como la flor de la higuera: si se huele discretamente exhala su fragancia, pero si se la expone a los ojos de los demás acaba cubierta de moscas y pierde su perfume
El olor de la agena fama, al envidioso atafaga.
Amor de madre, ni la nieve lo hace enfriar.
Bailar con la más fea.
El valor crea vencedores; la concordia crea invencibles.
Madruga y verás, trabaja y habrás.
Aquella que la alza una vez, la alza siempre.
Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.
Más que la mujer hermosa vale la hacendosa.
El orgullo ciega por unos instantes, dejando recuerdos indelebles
Agarra al toro por los cuernos, al hombre por la palabra.
Honra merece el que a los suyos se parece.
Las palabras y las cerezas, unas asen de otras.
Ni bonita que admire, ni fea que espante.
Galgo que va tras dos liebres, sin ninguna vuelve.
A la buena casada, solo su marido le agrada.
Baile que en burla empieza, acaba en boda.
El que quiera ser bohemio, que no se eche el lazo al cuello.
Tu desnudo y yo sin bragas, algo me hagas.
Por la víspera se conocen las fiestas.
El llanto sobre el difunto.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
La ocasión llega, llama y no espera.
Para morir siempre es muy pronto, para amar nunca es tarde.
Ya vienen los dos hermanos, Moquita y Soplamanos.
Nunca dejes la certidumbre por la esperanza.
Los tontos consiguen las mejores cartas
Las deudas son las mayores enemigas de la prosperidad.
De trigo o de avena, mi casa llena.