Me gustaría hacer todo lo que hizo el muerto, menos morirme.
Hacer la del capitán Araya; embarcar a los demás y quedarse en la playa.
Lo que se consigue en la niñez, crece y agrada después.
Contra lo malo aprendido, el remedio es el olvido.
A buen santo te encomiendas.
Toda flor quiere ser fruto.
Una escoba ataviada, por dama hermosa pasa.
A las obras me remito.
Nunca lamentes que te estas haciendo viejo, porque a muchos les ha sido negado ese privilegio.
Quien ama la guerra, no quiere la paz.
Primero son los presentes que los ausentes.
Quien abono echa, tendrá buena cosecha.
De Dios viene el bien, y de las abejas la miel.
Zozobra la verdad; más nunca ahogada la verás.
La tierra será como sean los hombres.
Como la espada, así la vaina.
Entre pillos anda el juego.
No hay año sin desengaño.
Haz tres veces una cosa que está mal hacer y ya te parecerá buena.
A la moza andadera, quebrarle la pierna y que haga gorguera.
La oprtunidad la pintan calva.
No alabes el día hasta que haya llegado la tarde; no alabes a una mujer hasta su pira; no alabes una espada hasta haberla probado; no alabes a una doncella hasta que se haya casado; no alabes el hielo hasta haberlo cruzado; no alabes la cerveza hasta haberla bebido.
El que a larga vida llega, mucho mal vio y más espera.
El dolor hace pensar al hombre. El pensamiento hace al hombre sabio. La sabiduría nos conduce a la verdad.
El que paga y goza, empata y hasta gana.
Cada raposa mira por su cola.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
Maneja tu negocio; no dejes que él te maneje a ti.
El tiempo es como una flecha que vuela.
Aborrecer tras haber querido, mil veces ha sucedido y mil más sucederá.
No te desesperes mientras puedas enamorarte
Con el tiempo y la paciencia se adquiere la ciencia.
Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
De tales devociones, tales costurones.
Cuando el vil enriquece, no conoce hermano ni pariente.
La modestia es patrimonio de los pendejos.
El mundo promete y no da, y si algo te da, caro te lo cobrará.
El de las piedras hace pan.
De Dios hablar, y del mundo obrar.
El melón por la mañana, oro; por la tarde, plata; por la noche, mata.
El beso lo inventó Dios y el diablo lo que viene en pos.
O comed y no gimáis, o gemid y no comáis.
Septiembre en fin de mes, el calor vuelve otra vez.
La mujer y la manzana han de ser asturianas.
Las palabras son como las hojas, cuando más abundan poco frutos hay entre ellas.
Una cosa son las palabras de los hombres; otra los hechos del Dios.
La sola bravata, no hiere ni mata.
El hombre gana la plata y la mujer la desbarata.
El árbol no niega su sombra ni al leñador.
Lo que remedio no tiene, olvidarlo es lo que se debe.