Duelos me hicieron negra, que yo blanca era.
Toda flor quiere ser fruto.
Contra lo malo aprendido, el remedio es el olvido.
Al hombre le falta paciencia y a la mujer le sobra insistencia.
A buen santo te encomiendas.
Lo que se consigue en la niñez, crece y agrada después.
Una escoba ataviada, por dama hermosa pasa.
A las obras me remito.
Zozobra la verdad; más nunca ahogada la verás.
Entre pillos anda el juego.
Quien abono echa, tendrá buena cosecha.
Quien ama la guerra, no quiere la paz.
Nunca lamentes que te estas haciendo viejo, porque a muchos les ha sido negado ese privilegio.
Como la espada, así la vaina.
La tierra será como sean los hombres.
Haz tres veces una cosa que está mal hacer y ya te parecerá buena.
A la moza andadera, quebrarle la pierna y que haga gorguera.
De Dios viene el bien, y de las abejas la miel.
Primero son los presentes que los ausentes.
Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
Maneja tu negocio; no dejes que él te maneje a ti.
El dolor hace pensar al hombre. El pensamiento hace al hombre sabio. La sabiduría nos conduce a la verdad.
Cada raposa mira por su cola.
No te desesperes mientras puedas enamorarte
La oprtunidad la pintan calva.
No alabes el día hasta que haya llegado la tarde; no alabes a una mujer hasta su pira; no alabes una espada hasta haberla probado; no alabes a una doncella hasta que se haya casado; no alabes el hielo hasta haberlo cruzado; no alabes la cerveza hasta haberla bebido.
Aborrecer tras haber querido, mil veces ha sucedido y mil más sucederá.
El que paga y goza, empata y hasta gana.
De tales devociones, tales costurones.
No hay año sin desengaño.
El tiempo es como una flecha que vuela.
El que a larga vida llega, mucho mal vio y más espera.
El mundo promete y no da, y si algo te da, caro te lo cobrará.
Septiembre en fin de mes, el calor vuelve otra vez.
El de las piedras hace pan.
De Dios hablar, y del mundo obrar.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
La modestia es patrimonio de los pendejos.
Con el tiempo y la paciencia se adquiere la ciencia.
Cuando el vil enriquece, no conoce hermano ni pariente.
Lo que remedio no tiene, olvidarlo es lo que se debe.
El beso lo inventó Dios y el diablo lo que viene en pos.
El árbol no niega su sombra ni al leñador.
Las palabras son como las hojas, cuando más abundan poco frutos hay entre ellas.
Una cosa son las palabras de los hombres; otra los hechos del Dios.
O comed y no gimáis, o gemid y no comáis.
El melón por la mañana, oro; por la tarde, plata; por la noche, mata.
La mujer y la manzana han de ser asturianas.
La sola bravata, no hiere ni mata.
Paciencia muchas veces ofendida, trastorna el juicio.