Que saben las vacas de montura.
La mula arisca a la larga, se va enseñando a la carga.
Quien sabe esperar, sabe lograr.
Hacerse jaula para que le metan el pájaro.
Hay hombres como el dado: que se están de cualquier lado.
Araña muerta, visita cierta.
Si el mozo supiera y el viejo pudiera, ¿qué se les resistiera?
Las grandes palabras y la tela nueva siempre encogen.
Berzas y tocino, manjar de vizcaíno.
Juntarse el hambre con las ganas de comer.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
Hombre casado, burro domado.
Vísteme despacio que tengo prisa.
¡Llueve sopa y yo con tenedor!
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
Tenís más grupo que banco de sangre.
El amor hace iguales a los que no lo son.
El que habla es el que peca.
Honra merece el que a los suyos se parece.
Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.
Buenas palabras y buenos modales, todas las puertas abren.
El amigo se preocupa de tu cabeza, el enemigo de tus pies
Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
La calidad de la tela, ya una hilacha la revela.
A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
Hay desgracias con suerte.
Una buena carrera es mejor que una larga espera.
Más dura será la caída.
Celos y envidia quitan al hombre la vida.
Orejas de burro.
El barbecho de enero hace a su amo caballero.
Dios castiga sin dar palos, a los buenos y a los malos.
Juzga al hombre por sus acciones y no por sus doblones.
Necio es quien con necios anda.
La letra mata, su sentido sana.
Esta vida es un camote y el que no la goza es un chayote.
Lo que se hace un día, es semilla de felicidad para el día siguiente.
Los mejores compañeros en las horas desocupadas son los buenos libros.
Compra de quien heredó, y nunca al que lo sudó.
Adoba tu paño y pasarás tu año.
Hay golpes tan fuertes en la vida, yo no sé!
La magnificencia prestada, es miseria.
El pollo de enero, sube a su madre al gallinero.
Al conejo y al villano, despedazarlo con la mano.
En otoño, pan de ayer, vino de antaño y caldito a diario.
Haz buena harina y no toques bocina.
Con pan y vino, se anda el camino.
Juramentos de amor y humo de chimenea, el viento se los lleva.
Ten tu mano pronta para echarla al sombrero, y tardía para meterla en el bolsillo.