El buen nabo, por Santiago tiene cabo.
¿Qué necesidad hay de dar los cuartos al pregonero?.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
La tierra atrae tanto que los viejos caminan encorvados.
De cuentos suele irse a chismes.
Levantarse con el pie izquierdo.
Buscando un amigo mi vida pasé; me muero de viejo y no lo encontré.
Contestación sin pregunta, algo barrunta.
Detrás de los pedos viene la mierda.
Azote y mordedura, mientras duele dura.
Casa al hijo cuando quisieres y la hija cuando pudieres.
Al mal hecho, ruego y pecho.
La fortuna a los audaces ayuda.
La suerte no es para quien la busca.
Dar a manos llenas significa repartir en pequeñas partes lo que fue robado a lo grande
El otoño de lo bello, es bello.
Cada hombre deja sus huellas.
Leerle a uno la cartilla.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
El que no pierde, algo gana.
Saca, pero pon, y siempre habrá en el bolsón.
Que aprovecha bien ganar, ¿para mal gastar?
A la moza y a la parra, álzala la falda.
La mujer pare llorando, y la gallina cantando.
La tierra no la heredamos de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos.
Lo bailado nadie me lo quita.
No le trata de animal, pero le muestra el ronzal.
Zurrianme las orejas; reniego de putas viejas.
Es del hombre condición, como del cabrito, o morir muy pequeñito o llegar a ser un cabrón.
El amor verdadero entra por el agujero.
Bueno es el mal que fue ocasión del bien.
Con hilo de plata labró mi seda, y voy y la tiendo en la alameda.
Hoy: a eso me estoy; que mañana, mañana, palabra vana.
Quien invierte en cosa vana, pronto acaba con la lana.
De fuera venga quien la tea nos tenga.
Más pobre estoy que puta en cuaresma.
Adonde quiera que fueres, ten de tu parte a las mujeres.
Llena o vacía, casa que sea mía.
Al bobo, múdale el juego.
Todo lo que el médico yerra lo tapa la tierra.
El que mucho corre, pronto para.
Tres saberes gobiernan el mundo: el saber, el saber vivir y el saber hacer, pero el último ocupa a menudo el lugar de los otros dos.
Dios nos coja confesados.
De Gumiel de Izán, ni hombres ni pan.
Usted lea en su libro, que yo leo en el mío.
La mula arisca a la larga, se va enseñando a la carga.
Las mujeres hablamos demasiado, pero no decimos ni la mitad de lo que sabemos.
Yantar tarde y cenar cedo, sacan la merienda de en medio.
Los cojones del cura de Villalpado, los llevan cuatro bueyes y van sudando.
La variedad place a la voluntad.