Gran mal padece quien amores atiende.
Échate este trompo a la uña.
Nada necesita quien tiene bastante.
Para abaratar la vida, producir mucha comida.
Te pido hojas y me traes ramas.
Aceptar un don, requiere discreción.
En lo ajeno, reina la desgracia.
Quien tiene mujer parlera, o castillo en la frontera, o viña en la carretera, no le puede faltar guerra.
Para quien roba un reino, la gloria; para quien roba un burro, la horca.
No fío, porque pierdo lo mío.
Pan de ayer, vino de antaño y carne manida dan al hombre la vida.
Ya la esperanza perdida, ¿qué queda que perder en esta vida?.
El que todo lo quiere vender, presto quiere acabar.
La mejor leña está donde no entra el carro.
La ocasión de hacer bien nunca se ha de perder.
El perro es el mejor amigo del hombre.
Amor de amos, agua en cestos.
A fuerza de villano, hierro en mano.
Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
La buena solera hace el vino de primera.
Cacarear y no poner huevo no es nada bueno.
Tales son migas de añadido, como mujer de otro marido.
Lo hermoso, a todos da gozo.
Buena es la guerra para el que no va a ella.
Pereza, llave de pobreza.
Las enfermedades son el impuesto que se paga por los placeres prohibidos.
Para los desgraciados se hizo la horca.
Mejor es la pobreza en la mano del Dios, que riquezas en un almacén.
La vida del puerco, corta y gorda.
Es como el cilindro, que cualquiera lo toca pero no cualquiera lo carga.
Aprovechar bien la lumbre, es buena costumbre.
Dios los cría y ellos solos se juntan.
Nuestros padres nos han enseñado a hablar y el mundo a callar.
Al higo por amigo
Nada complicado da buen resultado.
Dios hizo todas las cosas con peso, sabiduría y mesura.
Quien del diablo duerme, poco aprende.
Mal acierta quien solo el interés se lleva.
Quien desparte lleva la peor parte.
El pobre, por pobre, va dos veces a la tienda.
Ausentarse y morirse, todo es irse.
Ratoncitas y ratones, bonitos, pero ladrones.
Ir romera y volver ramera le sucede a cualquiera.
El que se ajunta con perro a ladrar aprede.
A quien dios no le dio hijos el diablo le dio sobrinos
Las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón.
Dan darán, dicen las campanas.
No hay alegría sin aburrimiento
Confesor que visitas hijas, desde aquí te marco por padre de familias.