Casa sin mujer, de casa no tiene nada.
Abierto el saco, todos meten la mano.
Dios nos ha creado hermanos pero nos ha dado monederos separados.
Dios nos libre del hombre de un solo libro.
Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
Mujer ordenada, con poco lleno su casa.
Ninguno puede vender, su alma a Dios y a Lucifer.
El parir y amasar siempre empezar.
Hombre que anda con lobos, aprende a aullar.
El amor no se compra con dinero.
A la madrastra, el nombre le basta.
Al gorrino y al melón, calor.
Guarismo eres y no más; según donde te pongan, así valdrás.
Joven que nada duerme y viejo que siempre duerme, cercana tienen la muerte.
La ilusión del cazador, a una mentira otra mayor.
Reírse de la vida para que la vida no se ría de uno.
La que al diablo su carne dio, ofreció sus huesos al Señor.
A fuer de Toledo, que pierde la dama y paga el caballero.
Más vale un "toma" que dos "te daré".
Sufro y callo, por el tiempo en que me hallo.
Si Dios hizo la abeja, hizo la avispa el diablo.
Oye lo que yo digo y no mires lo que hago.
Quien bien ata, bien desata.
Las palabras se las lleva el viento, lo escrito permanece.
A río revuelto, ganancia de pescadores.
Poco dinero, poco sermón.
¿Adónde irá el buey que no are?.
El secreto de la vida no está en vivir, sino en vivirla.
Mucho escuchar y poco hablar buena fama te han de dar.
Llamar al toro desde la barrera, eso lo hace cualquiera.
Cenas, y penas, y Madalenas, y soles, matan a los hombres.
Todo lo que hagas por depecho, estará mal hecho.
El muchacho que es llorón y tú que me lo pellizcas.
Cacarear y no poner, bueno no es.
La moza buena, en casa está y afuera suena.
Colarse de rondón, es menospreciar a ala reunión.
El rico come "sudao", y el pobre sudando.
El golpe de la sartén, aunque no duela, tizna.
La arada y el arado requieren hombre bien alimentado.
Es más grande que un domingo sin paga.
Bien casada, o bien quedada.
Cuando encuentres algo, mira allí de nuevo.
Alegría y tristeza muerte acarrean.
En casa de mi vecino, cuando no hay para pan, hay para vino.
El follo del santo, no hiede tanto.
Otoñada de San Mateo, puerca vendimia y gordos borregos.
Unos visten el altar, para que otros digan la misa.
Pedir peras al olmo.
¡Qué Dios se lo pague!, y yo me lo trague.
Hacerse el de la oreja mocha.