Juan de Aracema que no tenía palabra mala, ni obra buena.
Roer siempre el mismo hueso
Tú vas a Roma a buscar lo que tienes a tu umbral.
El amor de un hombre por una mujer se desvanece como la luna, pero el amor de un hermano por un hermano es permanente como las estrellas y perdura como la palabra del profeta.
Duerme, Juan, y yace, que tu asno pace.
Amigo serás, pero a comer a tu casa.
A la mujer y al papel por detrás has de ver.
Una cosa son las palabras de los hombres; otra los hechos del Dios.
Señores lo dan y siervos lo lloran.
Amigo sin dinero, eso quiero; que dinero sin amigo, a veces no vale un higo.
El ojo de un amigo es un buen espejo.
Come y bebe, que la vida es breve.
Ira, miedo y celos fieros, son muy malos consejeros.
Por fuerte que seas, siempre existe otro más poderoso que tú
Callen barbas y hablen cartas.
Casa de mantener, castillo de defender.
El montañés, por defender una necedad dice tres.
Los nietos son hijos dos veces paridos.
El que bien tiene y mal escoge, por mal que le vaya que no se enoje.
Cuando no hay calor en el nido, lo busca afuera el marido.
Ni caldo recalentado ni amigo reconciliado.
Maldición de puta vieja, por do sale por allí entra.
Por prestar, el enemigo muchas veces es amigo y el amigo enemigo.
El sol ablanda la cera y endurece la tierra.
Quien a Dios teme, no temerá a la muerte.
Amistad fuerte, llega más allá de la muerte.
Cuando nace hija, lloran las paredes de la casa.
Con un pozo y un malvar, boticario de un lugar.
La esposa, siempre parca, no debe serlo con el marido
El que sabe sabe y el que no lo inventa.
Jugué con quien no sabía y me llevó cuanto tenía.
Atrás viene quien las endereza.
Santo que no es visto no es adorado.
Calabaza, calabaza, cada uno para su casa.
Lo que dice el panadero, siempre es verdadero.
No desprecies el consejo de los sabios y los viejos.
Tus pies te llevarán allí donde esté tu corazón.
Los hijos de mis hijas, mis nietos serán; los hijos de mis hijos, en duda estarán.
Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
El cierto amigo, en la cosa incierta se conoce.
Rabo por rabo, más vale ir al propio que al extraño.
Desde pequeñito se endereza el arbolito.
El juez perverso, condena a la paloma y libra al cuervo.
El inferior paga las culpas del superior.
Por San Simón y San Judas, la habas son orejudas.
Baco, a muchos ha matado; Neptuno, a ninguno.
En casa de mi vecino, cuando no hay para pan, hay para vino.
Dios no cumple antojos, ni endereza jorobados.
La vergüenza y la castidad una vez perdidas, para toda la eternidad.
De ausente a muerto, no va un dedo.