Lejos de los ojos, lejos del corazón.
El amor no se oxida
No hay viudita sin duelo, ni triste in consuelo.
Dedica una parte de tus esfuerzos al bien común.
El casado por amor vive vida con dolor.
De ninguno seas muy compañero.
Ninguna buena historia se gasta, por muchas veces que se cuente.
El que no tiene amigos, tema a los enemigos.
Mal acierta quien solo el interés se lleva.
Amor y fortuna, no tienen defensa alguna.
Para descubrir la inmensidad de las profundidades divinas, se impone el silencio.
Lo que promete con el vino, se olvida por el camino.
Al que fortuna lo viste, fortuna le desnuda.
Tripa vacía, corazón sin alegría.
En aguas de extrema limpidez no puede haber peces, y hombre extremadamente exigente no puede tener compañeros.
A espaldas vueltas, memorias muertas.
Abundancia y soberbia andan en pareja.
Una ola nunca viene sola.
Si has perdido algo hazte a la idea de que se lo has dado a un pobre
La felicidad consiste a menudo en el arte de saberse engañar
Cuando nos encontramos con la felicidad, no lleva nunca la ropa que habíamos imaginado
Ante un acuerdo, cuídate de que una de las partes no quede con la espada y la otra con la vaina.
Estamos en este mundo para convivir en armonía. Quienes lo saben no luchan entre sí.
Abril, aguas mil y todas caben en un barril.
No hay almohada más blanda que una conciencia tranquila.
Es una pena ser viejo, pero no lo es todo el que quiere.
Ve a menudo a casa de tu amigo, porque la maleza puede borrar el camino.
Trato es trato.
Agua de llena, noche de angulas.
Agua turbia no hace espejo.
Amor irresoluto, mucha flor y poco fruto.
Para el bien, la acción es más que la intención; para el mal la intención es más que la acción.
No te acompañes ni de amigo lisonjero ni de fraile callejero.
La vida es un deber a cumplir
En el verdadero amor es el alma la que abraza al cuerpo
El huésped y el pez, a los tres días hieden.
Hay que dejar ir al mundo como va
Aunque esté justificada, la felicidad siempre es un privilegio
El vino es la ganzúa de la verdad.
Galgo que va tras dos liebres, sin ninguna vuelve.
Al loco y al aire, darles calle.
Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.
A la mal casada, déla Dios placer, que la bien casada no lo ha menester.
Cada abeja vive en su colmena y no se mete en la ajena.
El que muda de amo, muda de hado.
Al comprar caballos y al tomar mujer cierra los ojos y encomiéndate al Señor
¿Qué mayor delito que la pérdida de tiempo?
La felicidad, como el arco iris, no se ve nunca sobre la casa propia, sino solo sobre la ajena.
Quien se conduce con integridad, anda seguro; quien anda en malos pasos será descubierto.
A la aguja, buen hilo, y a la mujer, buen marido.