Mal acomodado es desnudar un santo para vestir a otro.
Otoñada de San Mateo, puerca vendimia y gordos borregos.
Hombre que anda con lobos, aprende a aullar.
Obispos y Abriles, los más son ruines.
A cada santo le llega su día.
El trabajo cazurro, solo es para los burros.
Burro que piensa bota la carga.
Hay que amarrar el tamal.
Nunca faltan rogadores para mitigar las penas.
La madre no comió carne; el padre no bebió vino; y salió sietemesino.
No hay asqueroso que no sea escrupuloso.
Atente al santo y no le reces.
¡Llueve sopa y yo con tenedor!
A la hija casada sálennos yernos.
Confesor que visitas hijas, desde aquí te marco por padre de familias.
Favor con favor se paga
Arrieros somos y en el camino andamos.
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.
Náufrago que vuelve a embarcar y viudo que reincida, castigo piden.
Abierto el cajón, convidado está el ladrón.
Cada cual arrima su sardina a la braza.
Guardado está lo que guarda Dios; pero lo demás, no.
Maderos hay que doran, maderos hay que queman.
En la abundancia bueno es, guardar para la escasez.
Sal no se cuenta con que es salado.
De arriero a arriero no pasa dinero.
Camino malo, pásalo pronto.
Confía en lo que ves
Del mal que uno huye, de ese muere.
La sal y los consejos solo se dan a quien los pide
En la copa de San Elmo quiere atrapar pulpos de mar
Con carne nueva, vino viejo y pan caldeal, no se vive mal.
El que llora su mal, no lo remedia
Para los Santos, nieves en los cantos.
Calabaza, calabaza, cada uno para su casa.
Por el becerro se amansa la vaca
Hacer favores, empollar traidores.
Ramos mojados, ésos mejorados.
Pecado callado, medio perdonado.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
El ahorro anda pasito a pasito, pero llega lejitos.
El que gasta antes de ahorrar pedirá limosna antes de lo que cree.
Líbreme Dios de hora menguada y de gente que no tiene nada qué perder.
Arrimar uno el ascua a su sardina.
La carne triste, no la quiere ni Cristo
Un jesuita y una suegra saben más que una culebra.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
Jóvenes a la obra, viejos a la tumba! Manuel
¡Se nos creció el enano!
Sol madrugador y cura callejero, ni el sol calentará mucho ni el cura será bueno.