La violencia es el refugio de las mentes pequeñas.
Jurado ha el espejo no hacer lo blanco negro.
Al amigo que en apuro está, no mañana, sino ya.
De tarde madrugar y tarde casar, arrepentirte has.
El amor y el reinar, nunca admiten compañía.
Tal padre, tal hijo.
La cabeza blanca y el seso por venir.
La mejor suegra, la muerta.
Ni de mujer de otro, ni coces de potro.
Si no amase a las mujeres bellas, Dios no las habría creado
Mas vale un grito a tiempo que un sermón bien deletreado.
Más vale muerte callada que desventura publicada.
Me extraña que siendo araña te caigas de la pared.
De tus hijos solo esperes lo que con tu padre hicieres.
De la mujer, la limpieza se conoce en la cabeza y en los pies.
Las uvas están verdes.
Buena boca y buena gorra hacen más de una boda.
Que chulo tu chucho colocho
Si lo piensas, decídelo. Si lo decidiste, no lo pienses.
El consejo de la mujer es poco, y el que no lo toma es loco.
De tu dinero sé tú mismo el cajero.
Cuídate de los lobos con piel de cordero.
Beberás y vivirás.
El que es de tu profesión, es tu perdición.
Sol de invierno caliento poco.
Quien roba una vez, roba diez.
Del buen vecino sale el buen amigo.
La madre y la hija, por dar y tomar son amigas.
Bebido con buenos amigos, sabe bien cualquier vino.
La mujer cuanto más pequeñita mejor
Vale más rodear que mal andar.
Lo poco bueno que tiene un hombre lo palparas en un solo día: toda su maldad oculta no la conocerás ni en cien años.
Antes de entrar en un lugar, fíjate por dónde se puede salir.
El hombre nació para morir, es mortal.
Pueblo chico infierno grande.
Dar al olvido.
Madre boba tuviste si al mes no reíste.
Más vale mendrugo que tarugo.
Muchos hijos, riqueza do pobre.
El dinero procura amigos, pero no aquellos que desearías.
Al que se hace de miel, las moscas se lo comen.
Rapados y por rapar, todos han de pagar.
A veces caza quien no amenaza.
No rompas el silencio si no es para mejorarlo.
Una hierba es una planta cuyas virtudes esperan para ser descubiertas.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
Por mucho madrugar, aparecen las ojeras.
Comer se ha de hacer en silencio, como los frailes en sus conventos.
Cuando el dinero habla, la verdad calla.
Las armas y las heridas, deben llevarse escondidas.