Junta de pájaros, agua segura.
Mujer hermosa, niña e Higuera, no las garda Cualquiera.
Pan caliente y uvas, a las mozas ponen mudas y a las viejas quitan las arrugas.
Maderos hay que han dicha, maderos hay que no; de unos hacen santos, y de otros carbón.
Más labra el dueño mirando que diez yuntas arando.
Sin violencia permanece y prospera en medio de sus libros y pinturas, existe la ciudad de Tenochtitlan.
En la tierra de calvos, los pelones son trenzudos.
Los castellanos tienen más lengua que manos.
Ni adobo sin ajo, ni campana sin badajo, ni viudita sin su majo.
Ijurra, ¡no hay que apurar la burra!.
La burra no era arisca pero la hicieron.
Quien de paja su casa ha hecho, témale al fuego.
Pascua con luna, cabras ninguna, ovejas tal y cual.
A brutos da el juego.
De mi maíz ni un grano.
Hablen cartas y callen barbas.
Un jesuita y una suegra saben más que una culebra.
Los hijos de mis hijas, nietos de mi corazón; los hijos de mis hijos, no se si son o no son.
Solo como Adán en el día de la madre
En el refugio del otro vive cada uno
Riñen los pastores, y se descubren los quesos.
Abrojos, abren ojos.
A barbas honradas, honras colmadas.
De valientes y tragones, están llenos los panteones.
Mujeres y aves, todas poner saben: ésta poñen huevos, y aquellas poñen cuerno.
Viudas, casadas y doncellas, buenas son todas ellas.
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.
Puede usar quien tenga en gana, su culo de palangana.
Son cucarachas del mismo concolo.
A la justicia y a la inquisición, chitón.
Dinero que el naipe ha traído, hoy venido y mañana ido.
Maldiciones de putas viejas, no comprenden mis orejas.
En casa del gaitero, todos son danzantes.
Escucha el silencio... que habla.
Si orejas curiosas no hubiera, malas lenguas no existieran.
Lo que dejes para después, para después se queda.
Por Todos los Santos, los trigos sembrados y todos los frutos en casa encerrados.
El pobre es un extranjero en su país.
Tontos y locos, nunca fueron pocos.
Junto al buey viejo aprende a arar el nuevo.
Consejos ciertos, los que a los vivos dan los muertos.
...es de los que tiran la piedra y esconden la mano.
Durar menos que el cantar de un vizcaíno
Juez de aldea quien quiera serlo, sea.
Vivir prevenidos, es de buen sentido.
Callar y callemos que todos de barro semos.
A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.
No acortes el paso, no aflojes ni desmayes.
Por Santa Catalina, respigos y sardinas.
Juzgan los enamorados, que todos tienen los ojos vendados.