Quien bien quiere, bien obedece.
Morir sin perecer, es presencia eterna.
Bautizar es dar nombre, menos al vino que se lo quita.
Palabras buenas abrirán puertas de hierro.
La abundancia mata la gana.
El que bien ama, tarde olvida.
No por ponerse a rezar, deja el cielo de tronar.
Manchando el nombre de Cristo, algunos hacen buen pisto.
Lo que comienza siendo una pequeña diferencia termina en una desigualdad descomunal.
Reniego del necio que jode con la mujer del cuerdo.
Tripa llena, ni bien huye ni bien pelea.
Mejor haber soplado con fuerza, que tener la boca quemada.
Con paciencia y con saliva el elefante se la metió a la hormiga.
Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.
La avaricia es como el fuego, cuando más leña se pone, más arde.
Ni moza de mesonero, ni saco de carbonero hay sin agujero.
Se puede aprender mucho de una boca cerrada.
En tanto que la flor cae amorosa, el arroyo corre impasible.
Dar a manos llenas significa repartir en pequeñas partes lo que fue robado a lo grande
El que presta su caballo para garrochar, y a su mujer para bailar, nada tiene que reclamar.
Cásate por la dote, y de tu mujer serás un monigote.
El buen carpintero mide dos veces, corta una.
El corazón nunca es engañador.
Hoy no se fía, mañana sí.
Quien con los perros se trata, aprende hasta alzar la pata.
El mejor espejo es un ojo amigo.
Gran hidalguía y la despensa vacía.
En la casa del cura siempre hay hartura.
Cada hombre deja sus huellas.
El que dice verdades a medias, dice mentiras a puños.
Hace buena cuenta quien con lo suyo se contenta.
Caras vemos, corazones no sabemos.
Recibir mal por bien, todos los días se ve.
En salud se cura el sabio, y el necio, ni estando malo.
Guárdese el cojo y no eche la capa al toro.
A Cristo prendieron en el huerto porque allí se estuvo quieto.
Ignorar para preguntar y preguntar para saber, eso es aprender.
A quien lucha y suda la suerte le ayuda.
A todos los tontos se les aparece la Virgen.
Una sola mano no aplaude.
Dimes y diretes, entre grandes y pequeñetes.
Un hombre puede valer cientos y cientos pueden no valer un hombre.
Grandezas de bastardía, a no haber habido putas, no las habría.
Si la vaca fuera honesta, cuernos no tendría el toro.
La suerte la pintan calva.
Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no le alumbre.
Dar al olvido.
El que parte y comparte, se queda con la mejor parte.
Gran calma, señal de agua.
Dad limosna a este pordiosero, que le sobró vida y le faltó dinero.