De los celos, se engendran los cuernos.
La zorra cambia su pellejo; pero no sus mañas.
Los ojos se han hecho para ver, las manos para tocar.
Aunque la mona se vista de seda mona es y mona se queda.
La excepción no hace la regla, sino que estará fuera de ella.
Juez airado, injusto el fallo.
Baje la novia la cabeza y cabrá por la puerta de la iglesia.
Da y ten, y harás bien.
El que siembra tormentas recoge tempestades.
Con regla y compás, en tu casa vivirás; sin compás y sin regla, ni en tu casa ni fuera de ella.
A caballo de alquiler: mucha carga y mal comer.
La salud no consiste en estar delgado o gordo.
Quien cava en noviembre, el tiempo pierde.
Si quieres aprender a orar, entra en la mar.
A batallas de amor, campo de plumas.
Por la boca muere el pez.
Un abuelo es como un caballo salvaje que ha sido entrenado por su hijo para que lo cabalgue su nieto.
La campana te saluda al nacer, y te acompaña al cementerio
Ese huevo, quiere sal.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
Entre el león y el ratón no cabe comparación.
En poca agua, poco se navega.
Bien te quiero, bien te quiero, mas no te doy mi dinero.
El juego y la muerte, en no distinguir categorías se parecen.
Dime caldero, que el caldero me llevo.
Que no se coma el gusano, lo que se hizo para el cristiano.
El vino es la teta del viejo.
Cada uno dice quién es.
El que va a la bodega por beber se le cuenta y el que no bebe, bobo va y bobo viene.
Orejas de burro.
Deudas tienes y haces más, si no mientes, mentirás.
Agua y sol, tiempo de caracol.
En el juego y el licor, se reconoce al señor.
Si comes cerezas con los poderosos te arriesgas a que los huesos lluevan contra tu nariz.
La mercancía bien comprada está medio vendida.
Solo hazlo y terminará el pánico.
El que vende un caballo es porque patea.
En el mundo como en el mar, no se ahoga quien sabe nadar.
Paga el puerco lo que hizo el perro.
Hijos casados, trabajo doble.
La gallina, la mujer y el marrano, con la mano.
De aceituna, una; de vino una laguna; y de asado, hasta quedar botado.
Hoy figura, mañana sepultura.
No hay mayor emoción que la de volver al lugar en que se nació.
Cual el año, tal el jarro.
La abeja y la oveja, en abril dejan la pelleja.
Tira en pleno Nilo al hombre afortunado, que volverá a salir con un pez en la boca.
El que las hace, las imagina.
Con el metro que midas, te medirán.
Contigo me entierren, que me entiendes.