A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Aquellos polvos traen estos lodos.
Comparte la carga y ésta será más ligera.
Aceitunas agrias, el padre las comió y el hijo las caga.
Los esposos descuidados echan a perder la casa.
Pablo se casó en Segovia, ciego, sordomudo y manco; cómo sería la novia cuando engañaron a Pablo.
Si el liso viera y la víbora oyera no habría hombre que al campo saliera.
Huéspedes vendrán que de casa nos echarán.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
Naipes, mujeres y vino, sacan al hombre de tino y lo llevan por el mal camino.
Necio que sabe latín, doble rocín.
Fuiste doncella y viniste parida.
Náufrago que vuelve a embarcar y viudo que reincida, castigo piden.
La del sastre de Campillo, que cosía de balde y ponía el hilo.
Labrar en barbecho, es labrar necio.
Zapatero haz tus zapatos, y déjate de otros tratos.
Días de mucho vísperas de ayuno.
Al comprar caballos y al tomar mujer cierra los ojos y encomiéndate al Señor
Quien te adula, te traiciona.
Adulador; él es tu enemigo peor.
Los que miden el oro por celemines, suelen ser los más ruines.
Confesar a monjas, espulgar a perros y predicar a niños, tiempo perdido.
De arriero a arriero no pasa dinero.
El cosechar y disponer de provisiones puede durar por largo tiempo.
Ricos, pobres, flacos, gordos, todos mordemos el polvo.
No juzgues a tu amigo sin haberte puesto antes en su lugar
Tú vas a Roma a buscar lo que tienes a tu umbral.
A nadie le amarga un dulce.
Hay que estirar el pies hasta donde llegue la sábana.
Manos que trabajan, no son manos, sino alhajas.
El que afloja tiene de indio.
Callemos, que el sordo escucha.
Cada hombre deja sus huellas.
Más vale dejar a los enemigos que pedir a los amigos.
No incluyas en la lista de tus amigos al hombre que aplasta sin necesidad un gusano
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
Por un moro que maté me pusieron matamoros.
Este si que se llevo el santo y hasta las limosnas.
Los amigos, el aceite y el vino deben ser viejos
Panadera érades antes, aunque ahora traéis guantes.
Las dichas enviadas por Dios no despiertan al que duerme.
El dueño de la casa es el criado del huésped.
Buenas palabras y malos hechos engañan a los locos y a los cuerdos.
A Salamanca, putas, que llega San Lucas
Ayunen los santos, que no tienen tripas.
Hacienda de señores, se la comen los señores.
Echéme a dormir y espulgóme el perro, no la cabeza sino el esquero.
Si te muerde el escorpión, traigan la pala y el azadón.
Tres personas con las que nunca deberías hacer negocios: La demasiado impaciente, la demasiado ambiciosa y la demasiado desesperada.
Aguardiente arrancarejas, no la bebas.