En Abril, huye de la cocina; más no te quites la anguarina.
A ave de paso, cañazo.
Cuando uno está de malas, hasta los perros le ladran.
Si se rasca, es porque le pica.
El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor.
Que no te preocupe de quién es la casa que se quema mientras puedas calentarte con las llamas
El mugido de un buey tirando la carreta, presagia la muerte de un vecino.
Jarrito nuevo guárdase en el chiquero; pasan dos semanas y por todas partes anda.
Zumbido de mosquito, música de violín chiquito.
Oiga señor cagón, le digo con disimulo, apunte bien ese culo, en la boca del cajón.
Un asno cargado de oro sube ligero una montaña.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
El que no corre, vuela.
El sabio convive con la gente sin criticar, el necio critica sin convivir.
De las aves, la perdiz, y de las mujeres Beatriz.
Pobre pero honrado.
Pequeña hacha derriba un roble.
Cuando la puta hila y el rufián devana y el escribano pregunta cuantos son del mes, mal andan los tres.
Ni gazpacho añadido, ni mujer de otro marido.
La muchacha que es bonita, afeites no necesita.
Cuando hago la escobada, nadie entra en mi morada.
Por San Martín deja el cerdo de gruñir.
Para la mi santiguada, que de donde vino el asno venga la albarda.
A quien presta nada le resta.
Si quieres un día bueno: hazte la barba; un mes bueno: mata puerco; un año bueno: cásate; un siempre bueno: hazte clérigo.
El dinero del mezquino anda dos veces el camino.
Tirar la piedra y esconder la mano.
Ruin señor, cría ruin servidor.
Se pilla al mentiroso, antes que al cojo.
Dificulto que el chancho chifle.
Los caballos como las mujeres en manos de "tarugos" se echan a perder.
Ratones nos dé Dios, y gatos nos los daremos.
Al hombre osado, la fortuna le da la mano.
Pocos pelos, pero bien peinados.
Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hincho el papo.
El pastor que se acuesta con sus abarcas, cuando se despierta no se las calza.
Ovejas de una puta, carneros de un ladrón, bien haya quien os guarda, mal haya cuyo sois.
Cuando un tonto se agarra a una reja, o la arranca o no la deja.
La mujer, hermosa y la galga, golosa.
A quien se casa viejo, o muerte o cuernos.
Ruidosa corriente, no ahoga la gente.
¡Largue el gallo que es de las ánimas!.
Sé arrojado, pero no demasiado.
El Santo más milagrero es, San dinero.
Uno caza la liebre en el prado, y otro la caza en el plato.
Reprende las vidas ajenas con buen ejemplo y no con dicho ni cuento.
Pan no mío, me quita el hastío.
Yo soy un señor, tú eres un señor, él es un señor, somos todos señores, ¿pero quién almohaza al caballo?
Al haragán y al pobre, todo le cuesta el doble.
El que sonríe en vez de enfurecerse es siempre el más fuerte.