El que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse.
No hay hombre tan bravo que el tiempo no haga manso.
¡Largue el gallo que es de las ánimas!.
No es lo mismo oír decir "moros vienen", que verlos venir.
Que tengas calor en tu iglú, petróleo en tu lámpara y paz en tu corazón.
Quien hace un cesto hace ciento, si le dan mimbres y tiempo.
Alba roja , vela moja.
Hacer caldo gordo a escribas y fariseos.
Por Navidad un paso de pájaro, por San Antonio [Abad] (patrón de la isla) un paso de demonio y por San Juan un paso de gigante.
Con quien se va no se cuenta, tan siquiera se le mienta.
No hay balanza tan recta que algún tiempo no se tuerza.
Los buenos vuelan, los malos quedan.
El mandar no tiene par.
Más ordinario que una monja en guayos.
El sol sale para justos y pecadores.
El que necesita, te visita.
Únicamente los peces muertos nadan con la corriente.
El valor crea vencedores; la concordia crea invencibles.
Los locos a la guerra, los cuerdos en su tierra.
A la mar madera, y huesos a la tierra.
El agua fluye, las piedras se mantienen.
Mañana de expectacion tarde de decepcion.
Por los Santos, siembra trigo y siembra cardo.
Vine en el auto de Fernando, la mitad a pie y la mitad andando.
Mucho tilín tilín y nada de paleta.
Échale guindas al pavo.
A la miel, golosas, y al aceite, hermosas.
El Abad debe cantar, y el acólito acompañar.
Cuando no llueve en Febrero, no hay buen prado ni buen centeno.
A burra nueva, cincha amarilla.
Marido, comprad vino; que no lino.
Ponte al sol y harás sombra.
Haber muchos cocos por pelar.
Amigos, amigos, pero la cebada a dos reales.
El que quiere a la col, quiere las hojas de alrededor.
De noche madrugan los arrieros.
Yerros de amor, dignos son de perdón.
El gato de Mariramos halaga con la cola y araña con las manos.
El cantar, alegra el trabajar.
Las letras con sangre entran.
Más vale maña que fuerza.
Abad avariento, por un bodigo pierde ciento.
No importa que en el valle haya sombras, si en la montaña brilla el sol.
Un muerto hablando de un ahorcao.
Sueños de hombre pobre, pedos de burra vieja.
A muertos y a idos, no hay amigos.
Reprende las vidas ajenas con buen ejemplo y no con dicho ni cuento.
La red justiciera tendida por los cielos es omnipresente, y sus mallas, aunque ralas, no dejan escapar a nadie.
Los cojones del cura de Villalpado, los llevan cuatro bueyes y van sudando.
Si los rezos de un perro fuessen contestados, lloverían huesos del cielo.