Juego que tiene revancha, no hay que tenerle miedo.
Goza de la alegría que evita que los amigos se avergüencen el uno del otro la mañana siguiente
El trabajo no deshonra, dignifica.
La envidia es carcoma de los huesos.
A la mejor dama se le escapa un pedo.
Si quieras que la gente se ría, cuenta tus penas María.
Se dice el pecado, pero no el pecador.
Más vale callar que con borrico hablar.
Mujeres en visita, luego sueltan la maldita.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
La envidia puede herir a lo que se tiene; pero no a lo que se es.
Es tonta la oveja que va a confesarse con el lobo.
Alegría que es fuerza que se pierda, ¿qué importa que no venga?.
Mala para quien calla y peor para quien habla.
Botas y gabán encubren mucho mal.
Arena y cal encubren mucho mal.
Domingo sucio, semana puerca.
No encomie un vado hasta que lo hayas pasado.
Del precipitar nace el arrepentir.
La gloria, a la larga, se torna amarga.
Entre la gente ruin el que pestañea pierde.
Entre bellacos, virtud es el engaño.
La honra que se perdió, tarde o nunca se recobró.
No hay asqueroso que no sea escrupuloso.
Quien por su gusto padece, que vaya al infierno a quejarse.
De pregonero a verdugo, mirad como subo.
Camisa y toca negra no sacan al ánima de pena.
Alegría no comunicada, alegría malograda.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
Más honrado es el que la honra merece que aquel que la tiene.
Padecer cochura por hermosura.
Buen moro, o mierda u oro.
Roja barba y mal color, debajo del cielo no le hay peor.
Alabanza propia, mentira clara.
Quien quiere y no puede, gran mal tiene.
Tienen los que pobres son la desgracia del cabrito: o morir llegar a ser cabrón.
Ave de mal agüero, a mi vera no la quiero.
Más fea que ver a la madre ahogarse atarugada de sebo.
Premio del trabajo justo, son honra, provecho y gusto.
El gorrón tiene que ser sufrido.
Reniego del amigo que me encubre el peligro.
En el modo de escupir se conoce el que es baboso.
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
Todo cojo le echa la culpa al empedrado
Fuerte desdicha es, no aprovecharse de la dicha.
Renegad de viejo que no adivina.
Dádiva forzada no merece gracias.
El que se siente gracioso, siempre resulta engorroso.
La desgracia a la puerta vela, y en la primera ocasión, se cuela.
El bobo si es callado, por sesudo es reputado.