Nadie le da vela en este entierro.
Envidia me tengan y no me compadezcan.
La abundancia como la necesidad, arruina a muchos.
En casa pobre, pocos cuentos.
No hay otra felicidad que la paz interior.
Cojera de perro y lágrimas de mujer, no son de creer. (Variante: Cojera de perro y mal de mujer no hay que creer)
Cuando la desventura llama a la puerta se descubre que los amigos se han dormido
La buena suerte se pasa, y el saber se queda en casa.
El optimista algo amasa, y el pesimista fracasa.
Árbol que no da frutos, pide sustituto.
San Telmo en la arboladura, mal tiempo augura.
Maridos que lejos se ausentan, cornamentan.
De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
Acabándose el dinero, se termina la amistad.
Hambre, frío y cochino hacen gran ruido.
Esperando al duque que no llegó, la dama envejeció.
Abundancia y soberbia andan en pareja.
Ama el sol, el que tiene sombra
Yerros por amores, merecen mil perdones.
Hermosura sin talento, gallardía de jumento.
O llueve o apedrea, o nuestra moza se mea.
Ir a trocar y no tener que, a muchos suele acontecer.
Bien ajeno es la hermosura, y, sobre ajeno, poco dura.
Nunca lamentes que te estas haciendo viejo, porque a muchos les ha sido negado ese privilegio.
Deseando bienes y aguantando males, pasan la vida los mortales.
Mal es sufrir, pero sufrirlo mal es mayor mal.
Muerte no venga que achaques no tenga.
Date un pellizco y conocerás el dolor del amigo
La mano perezosa, pobre es.
Más vale el placer que dura un momento que el dolor que dura una vida.
Nada puede dar quien nada tiene.
Una onza de vanidad deteriora un quintal de mérito.
La belleza atrae, el talento retiene y el corazón sostiene.
Lo hermoso agrada y lo feo enfada.
Del odio al amor hay solo un paso.
El que de amigos carece es porque no los merece.
Ira sin fortaleza, no vale ni media cereza.
Un consejo sin ayuda es como un cuerpo sin alma
Ida la del cuervo, que se fue y no ha vuelto.
El que nada tiene, nada vale.
Entre mozas y mozos, pocos retozos.
Aunque el tonto coja la vela, ésta se apaga y el tonto queda.
Cuando ya no se ama se pierde de golpe la memoria
Donde el gusto falta, nada valen el oro y la plata.
Quien en presencia te teme, en ausencia te perjudica
Saber de pobre no vale un duro
Confesión hecha, penitencia espera.
Quien se conforma goza y alguna vez padece: pero es un bello padecer el de quien se conforma
Más fea que ver a la madre ahogarse atarugada de sebo.
Nota: Imita la fonética del inicio del canto de requiem "dies irae dies illae" ("día de ira, día de lágrimas") inspirado en Sofonías 1, 14. [1]