Boca con boca se desboca.
La rata avisada, no muerde carnada.
Ron, ron; tras la capa te andan.
Si se dejan abiertas las puertas, los cerdos correrán al trigo
Madruga y verás; busca y hallarás.
De lo ajeno, gastar sin miedo; de lo propio, poquito a poco.
La moda no incomoda.
En otoño, pan de ayer, vino de antaño y caldito a diario.
Con jolgorio y veraneando, se va el tiempo volando.
Perro ladrador, poco mordedor.
Una vez que la vieja quiso comer carnero, habían ahorcado al carnicero.
La voz del culo no admite remedio ni disimulo.
Las penas no matan, pero rematan.
Oye primero y habla postrero.
No hay cosa más rica, que rascar donde pica.
Paga adelantada, paga viciada.
Mal haya la espina que de suyo no aguija.
El vino y la verdad, sin aguar.
A donde no está el dueño, no está su duelo.
Buenas cuentas, conservan amistades.
¡Cómo sufre mi pecho que late!
Sabio es quien poco habla y mucho calla.
Donde entra tajada no entra rebanada.
Tiene más cuentas que un rosario.
Pase mayo, y pase pardo.
La niñez se va para lejos; si vuelve ya estamos viejos.
Más debes guardarte de la envidia de un amigo, que de la emboscada de un enemigo.
A quien Dios ama, Dios le llama.
A las mujeres y a los charcos no hay que andarles con rodeos.
De pequeños principios resultan grandes fines.
A los ojos del novio su novia siempre es la más bella.
A quien miedo han, lo suyo le dan.
De cuarenta años para arriba, no te mojes la barriga.
Cada villa, su maravilla.
Lágrimas de puta, amenazas de rufián y juramentos de mercader, no se han de creer.
Quien frena la lengua conserva a sus amigos.
Mujer desnalgada es hombre.
Favores harás, y te arrepentirás.
Conseguir una mujer bella es fácil, pero conservarla es difícil
Nada se puede esperar de quien no tiene hogar.
Alegría amagada, candela apagada.
El enemigo es grande si se lo ve de rodillas.
La mujer hermosa es peligrosa.
Fíate del santo y no le prendas vela.
Barriga lisa no necesita camisa.
Los pesares envenenan la sangre.
Vive tu vida y no la de los demás.
Eres como San Nicolás, me lo quitas después que me lo das.
Antes falta la palabra en la plaza, que el estiércol en la haza.
A medida del santo son las cortinas.