Faltando el agua al granar, mal acaba el pegujal.
La buena solera hace el vino de primera.
La masa y el niño en el verano sienten frío.
Amor de mujer y halago de can, no duran si no les dan.
No se toman truchas a bragas enjutas.
Aunque esté justificada, la felicidad siempre es un privilegio
Fruta desabrida, no es apetecida.
Amor y amigo de verba, amigo y amor de mierda.
Cada grumo tiene su humo.
El que bien ama, tarde olvida.
Un hombre enamorado ha nacido por segunda vez
Cada cual tiene su modo de matar pulgas.
El que a pueblo extraño va a enamorar, va a que lo engañen o a engañar.
Quien de lejanas tierras vuelve, mucho cuenta y mucho miente.
No hay ladrón sin encubridor.
Cuando bebas agua, recuerda la fuente.
Mano lavada, salud bien guardada.
El que al amigo desea gran prosperidad, desea se deshaga la amistad.
Tanto va el cantaro al agua, que al fin se rompe.
Si la cobija es corta, aprende a doblarte.
Bromas pesadas solo al que las da le agradan.
En cada casa cuecen habas, y en la mía calderadas.
Navidad en martes, fiestas por todas las partes.
Cuerpo descansado, dinero vale.
Dar a la bota un beso, no es grave exceso; darlo a una mujer lo suele ser.
Igual con igual va bien cada cual.
El amor y los celos, hermanos gemelos.
El que algo debe, no reposa como quiere.
Cerca está de saber vencer quien bien sabe pelear.
Manos duchas comen truchas.
El labrador que quiera empobrecer, a sus criados deja de ver.
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
Indio, pájaro y conejo, en tu casa ni aún de viejo.
Sin precio no se han las mujeres.
A cada día bástale su maestría, y a cada momento, su pensamiento.
Como se vive, se muere.
A quien dan, no escoge.
Siempre que lo desea, la mujer llora y el perro mea.
Cielo aborregado, suelo mojado.
Galgo que muchas liebres levanta, ninguna mata.
Nieve en octubre, siete lunas cubre.
Allí perdió la dueña su honor, donde habló mal y oyó peor.
Gallo fino no extraña gallinero.
Saber de pobre no vale un duro
Quien su origen no conoce, su destino desconoce.
Ni poca ni mucha pena, nos causa desgracia ajena.
El mejor maestro, el tiempo; la mejor ciencia, la experiencia.
El corazón de un niño: espera lo que desea.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
El alma cruelmente herida, perdona pero no olvida.