El mundo es un mercado, o serás ladrón o serás robado.
Al haragán y al pobre, todo le cuesta el doble.
Hombre con hambre, no sabe lo que hace.
A gran culpa, suave comprensión.
Quien hace malas, barrunta largas.
Bailar sin son, o es gran fuerza o es gran afición.
El que tiene ictericia, todo lo ve pajizo.
No te fíes del sol del invierno.
El que mal anda, mal acaba.
Quien todo lo pensó nunca se caso.
Dios da la harina y el Diablo la maquila.
Cuando te convida el tabernero, te convida con tu dinero.
La oveja de muchos, el lobo la come.
El que da primero da dos veces.
Casadita y con hijos te quisiera ver, que doncella y hermosa cualquiera lo es.
De ambos ha sido el acertar; tú al pedir, yo al no dar.
Antes de mil años, todos seremos calvos.
No puedes tapar el cielo con la mano.
Más querría servir que recibir.
Almorzar, pan y cebolla; al comer, cebolla y pan, y a la noche, si no hay olla, más vale pan con cebolla.
Mal suena el Don sin el din.
Alforjas llenas quitan las penas.
El perfume bueno siempre viene en potes pequeños.
De día beata, de noche gata.
Candelaria: ¡Permanece dentro, el Invierno está afuera!
El que pide lo justo, recibe migajas.
Carrera de caballo y parada de borrico.
Aquí no más mis chicharrones truenan.
Vino de una oreja, prendado me deja; vino de dos, maldígalo Dios.
Año de hongos, año de nieve.
Quiere meter la cuerda y sacar listón.
A bloque, la casa en roque.
Cuando el hambre es de calor, el pan viejo es fresco.
Al amanecer resbalos, y al anochecer charquies.
De lo perdido, lo que aparezca.
Tanto tiempo en el campo y no conoces el matojo.
El arco iris brilla después de la tempestad.
Por San Martín siembra el ruin.
Limosnero y con garrote.
A cada cerdo, le llega su sábado.
De la norteña y la tapatía, la primera tuya, la segunda mía.
La mujer, generalmente hablando, está, generalmente, hablando.
Fraile convidado echa el paso largo.
La cortesía es de quien la da y no de quien la recibe.
A todo marrano le llega su diciembre.
En el camino se enderezan las cargas.
Juzgan los enamorados, que todos tienen los ojos vendados.
Olla sin tocino y mesa sin vino, no valen un comino.
Frente al ahorcado, no se mencione lazo.
En casa del mezquino, más manda la mujer que el marido.