El Abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quiso la cazuela.
Mal ajeno, para el nuestro no es consuelo.
Nada más que me enderece dijo el jorobado.
En casa de tu enemigo, la mujer ten por amigo.
Puso pies en polvorosa.
Mujer, Huerta y Molina, piden uso de continuou.
Padres viejos, hijos huérfanos.
A los tuyos, con razón o sin ella.
Casa en que no hay un viejo, no vale un arvejo.
Paciencia piojo que la noche es larga.
Cada cual cuenta de la feria como le va en ella.
Cuanto en tu casa me metí, mejor callar lo que vi.
¡A darle que es mole de olla!
Faltará la madre al hijo, pero no la niebla al granizo.
Al que tiene mujer hermosa, finca en frontera o viña en carretera, nunca le faltará guerra.
De la casada y la separada, dos cucharadas.
Abril llovedero, llena el granero.
Asnos y mujeres, por la fuerza se entienden.
El rostro es el espejo del alma.
Por Santa Marina siembra tu nabina; yo que lo sé, por San Bartolomé.
No hay otra felicidad que la paz interior.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
Tres hijas y una madre, cuatro diablos para el padre.
La conciencia vale por cien testigos.
Obra con amores y no con buenas razones.
Más vale ser pobre que estar enterrado.
Pascuas marzales, hambre y enfermedades.
Yernos y nueras, en las afueras.
A la luz de la vela no hay mujer fea.
A lo hecho, pecho.
La basura se deja solo a quienes trabajan con ella.
El que no tiene mujer, cada día la mata; más quien la tiene, bien la guarda.
De aire colado y de fraile colorado, guárdeme Dios.
El que madruga, es sereno.
Pobre con rica casado, marido de noche y de día criado.
Cacera y pesquera, a la vejez piojera.
Mujeres en visita, luego sueltan la maldita.
¿Con quién duerme Juana?. Con quien le da la gana.
Nada es virtud ni pecado, mientras no sea divulgado.
Quien dice su secreto, de libre que era se hace siervo.
El paraíso está en el regazo de una madre.
La mujer puede tanto que hace pecar a un Santo.
Vergüenza y virgo perdidos, por siempre idos.
Los hombres dan a los amigos la alegría, y a sus mujeres, la murria
Parejo como las calles de León.
Si deseas la paz, amistad y elogios? escucha, mira y ¡sé mudo!
¡Llueve sopa y yo con tenedor!
Desvélate por saber y trabaja por tener.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
Ha de salir la corneja al soto.