Quien ríe y canta su mal espanta
Lo que ha de ser, va siendo.
Las medias ni pa las mujeres.
No hables mal de las mujeres si en tu casa mujer tienes.
Entre amigos honrados, cumplimentos dispensados.
Ni casa en dos lugares, ni paja en dos pajares.
Las desgracias tienen los oídos sensibles
Quien va a la bodega y no bebe, por beber se le cuenta.
Con el viento se limpia el trigo, y los vicios con castigo.
De aire colado y de fraile colorado, guárdeme Dios.
Si quieres criarte fino y hermoso, buen vino y mucho reposo.
Poco y entre zarzas.
De la risa al duelo un pelo.
Cada cual a lo suyo.
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
Los amores se van, los dolores se quedan.
Los pensamientos no pagan peaje
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
En la muerte y en la boda, verás quién te honra.
En Octubre caída de hojas, ubre y lumbre.
A quien no teme la muerte, nada le es fuerte.
Brizna en ayunas, y sin comer plumas.
Madre acuciosa, hija vagarosa.
A camino largo, paso corto.
Un ciego lloraba un día porque espejo quería.
Cumplidos entre soldados son excusados.
Al cuervo no agrada el asno vivo, sino muerto.
El hombre no ha de ser de dichos, sino de hechos.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta.
No dejes lo bueno por lo hermoso, ni lo cierto por lo dudoso.
A tal señor, tal honor.
Amigo lejos, amigo muerto.
Boca que mucho se abre, o por sueño o por hambre.
Las penas no matan, pero rematan.
La falta del amigo hase de conocer, no aborrecer.
Padre no tuviste, madre no temiste; hijo, diablo te hiciste.
Obra bien y espera; que Dios es el que premia.
La ingratitud seca la fuente de la piedad.
Taberna sin gente, poco vende.
Candil que no tiene mecha, no aprovecha.
Mal de muchos, consuelo de tontos.
El vino poco, trae ingenio; mucho, se lleva el seso.
Los ojos todo lo ven, y a sí mismos no se ven.
A osadas, que quien lo dijo no mintió.
El frío puede entrar de repente, entre Navidad y los Inocentes.
Nieve de Octubre, nieve para cinco meses.
Como el apóstol 13, come y desaparece.
Por lo que guardo en mi pecho, nunca tendré pleito.
No hay mandado como el que hace el mismo amo.