Ojos que no ven, gallinas al saco.
Mas vale vergüenza en cara que dolor de corazón.
Al roble no le dobles.
Si pierdes el caballo puedes recuperarlo;pero si pierdes la palabra, es para siempre.
Don sin Din, gilipollas en latín.
Lleno es de bondad, quien nunca llegó a envidiar.
El que no tiene enemigos, no tiene incentivos.
Esperar salud en muerte ajena es condena.
La mujer rogada y la olla reposada.
Si al mediodia el rey dice que es de noche, tú contempla las estrellas.
No hay rosa sin espinas.
Campo florido, campo perdido.
Afanar y no medrar es para desesperar.
Nadie da lo que no ha.
El hombre no puede saltar fuera de su sombra.
No le llames trigo hasta que esté en el silo.
Si una puerta se cierra, otra se abre.
Enteramente de balde no se da nada a nadie.
Cultiva centeno, mientras brilla el sol.
Mucho ofrecer y poco dar, xuntos suelen andar.
En casa llena el loco no se apena.
Bigote al ojo, aunque no haya un cuarto.
La honra y el provecho no duermen en el mismo lecho.
Obremos a no ver, dineros a perder.
Cuando escribas alguna carta, leéla despacio antes de enviarla.
Ni Justicia ni verdad en la tierra encontrarás.
Los buenos actos nunca se lamentan. Los malos actos nunca se olvidan.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Si eres tímido no conseguirás nada bueno ni malo, es decir, nada.
Llanero no bebe caldo ni pregunta por camino.
Allá ellos que son blancos y se entienden.
El que poco pide, poco merece.
Vendrán por lana y saldrán trasquilados.
A los curas caso omiso, y para mí un buen piso.
Mente sana, cuerpo sano.
Reloj y campana, muerto mañana.
Cuando el tiempo se muda, la bestia estornuda.
A la Virgen, salves; a los Cristos, credos; pero a los cuartos quedos.
Agrada, quien manda.
Cuando fueres por el camino no digas mal de tu enemigo.
Ido de la vista e ido del corazón, casi una cosa son.
Nadie le da vela en este entierro.
Como no soy río, atrás me vuelvo.
Si te sobra el tiempo de joven, de viejo se te esconde.
No hay mucho que no se acabe, ni poco que no alcance.
Dios no espera año para castigar.
De la mentira viven muchos, de la verdad, casi ninguno.
No hay amor mi Linda Inés, sin su tasa de interés.
Pan y vino y carne, a secas.
Ni fea que espante, ni hermosa que mate.