No temas de ser lento, teme solo a detenerte.
Dolor de viuda, bien poco dura.
Holgar sin vergüenza es hilar sin rueca.
El estúpido es como el ladrón de campanas que se tapa los oídos para no ser oído mientras roba.
De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.
Campo abandonado, fuego proclamado.
Necesidad disimulada es necesidad doblada.
El humo al suelo, agua en el cielo.
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
Responder al airado luego, es echar leña al fuego.
Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.
El perro viejo no ladra sin razón.
A quien a soplos enfría la comida, todos le miran.
Cuando el búho canta, o llueve o escampa.
Para tener paz en casa cuando llega el marido todo debe estar limpio.
Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.
El mundo es para los osados, no para los tímidos callados.
Muerto, ¿quieres misa?.
Cuando el andaluz canta, una pena tiene en la garganta.
Para hacer el bien no hay que pedir permiso.
La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez.
El río, por donde suena se vadea.
Prudente espera es mejor que cometer un error.
Acabándose Cristo, pasión fuera.
Años pares, abrir los costales; años nones, pocos montones.
Libros cerrados, no hacen letrados.
Quedarse sin el chivo y sin el mecate.
En tierra de abrojos, abre los ojos.
La mujer poco entendida, se casa sin tomar medidas.
El saber no ocupa lugar, pero sí espacio en disco.
Mejor precavido, que arrepentido.
Las palabras amables no cuestan nada pero valen mucho.
Nada tiene al que nada le basta.
Campana cascada, nunca sana.
Quien huelga no medra.
Antes de contar, escribe, y antes de firmar, recibe.
Nobleza obliga.
El que no cojea, renquea.
Amor nunca dice basta.
A gran seca, gran mojada.
La paciencia es la llave del paraíso.
Mal ajeno, no cura mi duelo.
Niebla en la mañana, tarde muy galana.
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
Cuando dude, no saludes.
Cual andamos, tal medramos.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
La muerte a nadie perdona, ni a tiara ni a corona.
Amanecerá y veremos, dijo un ciego, y amaneció y no vio.