Lengua de vieja cuentera, corta más que una barbera.
Refranes y sustos, hay para todos los gustos.
Una lechuza, bienestar donde se posa y malestar donde canta.
La dama más impoluta, si se descuida se vuelve puta.
A buen árbol te arrimas, buena sombra te cobija.
Paga lo que debes; que lo que yo te debo, cuenta es que tenemos.
Llenarle la cuenca a alguien.
De San Martín en adelante ya no hay diablo que aguante.
Con pelito... no hay delito.
¿Qué haces, hacedor?. Trabajar para el que duerme y está al sol.
Dios sabe lo que hace.
Después de la liebre ida, palos a la cama.
Recibir mal por bien, todos los días se ve.
Por la Virgen de Lorena, verano fuera.
La Justicia y la muerte igualan a todos los vivientes.
La labranza no tiene acabanza.
Muchas candelitas hacen un Cirio.
Chicharra que canta, calor adelanta.
Tal para cual, Pascuala con Pascual.
Junio, Julio y Agosto, ni dan vino ni mosto.
Bodas largas, barajas nuevas.
A buen juez, mejor pastor.
En el país de ciegos, el tuerto es rey.
Faena acabada, faena pagada.
Si ves a un hombre cargado, no preguntes si es casado.
La gloria, a la larga, se torna amarga.
Si te he visto no me acuerdo.
Ni de saúco buen vencejo, ni de cuñado buen consejo.
Uno no se mea porque el baño esté lejos, sino porque no sale con tiempo.
Lo que me incomoda no me agrada y lo que no me parece bien tampoco me gusta.
Caro compró el que rogó.
Burro amarrado, leña segura.
El que sigue la caza, ése la mata.
A amor y fortuna, resistencia ninguna.
Esto ya se está pasando de castaño a oscuro.
El que aconseja, no paga.
¿Por qué atizas?. Por gozar de la ceniza.
Quien dice que la pobreza no es vileza, no tiene seso en la cabeza.
Como suena a copla, tu me la soplas.
Septiembre el vendimiador, corta los racimos de dos en dos.
No se me olvidará mientras me acuerde.
Dichosos mis bienes, que remedian mis males.
Quien siembra favores, cosecha rencores.
Da tus cuentas justas, porque la última, asusta.
Despedida de borrachos.
Al albañil no le pongas la mesa hasta que le veas venir.
Da asistencia y cariño donde se necesite.
La victoria pertenece a aquel que espera media hora más que su oponente.
No hay mano que pueda para el tiempo
Olla reposada, no la come toda barba.