El que vive en la montaña, piensa que tiene algo y no tiene nada.
No falte cebo al palomar, que las palomas ellas se vendrán.
De la casada y la separada, dos cucharadas.
Manden unos, manden otros, los tontos siempre nosotros.
Se muere de vergüenza, no de miedo.
Quitando la piedra, se quita el tropezon.
La ansiada numisma, no se hace ella misma.
Suerte, y al toro.
A quien teme a Dios de los cielos, nada le asusta debajo de ellos.
Buena compañía, Dios y Santa María.
En Septiembre, el que no tenga ropa que tiemble.
Ya en el veranillo, la madurez del membrillo.
Cuando otro sufre, es madera que sufre.
Es virtud el trabajar, como también el guardar.
Pelillos a la mar y lo pasado olvidar.
En cielo despejado puede desatarse de repente una tempestad.
Cuando estuvieres con él, vientre con vientre, no le digas todo lo que sientes.
Hay ropa tendida.
Cuando como, no conozco; cuando acabo de comer, empiezo a conocer.
Comamos y amemos, y no nos engañemos.
El que a mi casa no viene, de la suya me despide.
A chico pajarillo, chico nidillo.
Andar, andar que aún queda el rabo por desollar.
En los juegos de azar, la suerte es no jugar.
El agua clara y corriente, no contamina a la gente.
La que de comer con su marido rehusa, no está en ayunas.
Una hora de contento, vale por ciento.
Ante la desgracia y el dolor, ten un poco de gracia y humor.
Para el solano, agua en mano.
Cuando viene la chata, qué haces sin estirar la pata.
La libertad no tiene par.
Nadie apalea a un perro muerto.
La ilusión es la realidad de los que no tienen un real.
Arena y cal encubren mucho mal.
Al que dice la verdad le ahorcan.
Una golondrina no hace verano, ni una sola virtud bienaventurado.
La oveja lozana a la cabra la pide lana.
El tiempo es el mejor consejero
Los estudiantes de Zen, deben aprender a perder el tiempo conscientemente.
De lo que no veas, la mitad sólo creas.
Cada uno tiene su cada una, y cuando no, la busca.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
En larga jornada, la leve carga es pesada.
La virtud hace nobles y el vicio innobles.
Casa que a viejo no sabe, poco vale.
No importa lo el ancho y lo grueso, sino lo que dura tiezo...
Hoy figura, mañana sepultura.
Los hijos del herrero no tienen miedo a las chispas.
Solo el ruiseñor es capaz de comprender a la rosa.
En esta vida caduca, el que no trabaja no manduca.