En casa y en amores, entras cuando quieres y sales cuando puedes.
Empezar con buen pie.
Cada uno tiene sus gustos; por eso hay ferias.
De lo perdido, lo que aparezca.
Cada día sale el sol, se vea o no.
Quien ríe el viernes, llora el domingo.
Capón de ocho meses, para mesa de reyes.
Siembra melones y recogerás melones; siembra habas y recogerás habas.
Ya ni en la paz de los sepulcros creo.
Por las vísperas se conocen los santos.
A cada cerdo, le llega su sábado.
Niña, si vas a reuniones, ajustate los calzones.
La buena jornada empieza muy de mañana.
Buena romería haz, quien a su casa pone en paz.
Buenas y mejores, por falta de seguidores.
En la cuesta de enero, sin dinero me quedo.
Del ahorro viene la posesión.
La oportunidad se escapa por los pelos.
Cuanto vino entra, tantos secretos salen.
Estrenar casas y domar potros, otros.
Agárreme, que llevo prisa.
Un secreto bien guardé; aciértalo tú, que yo lo diré.
Estreno de traje fino, preciso chorreón de vino.
Ira de hermanos, ira de diablos.
Barriga llena, aguanta trabajo.
Quien hace, aplace.
El hijo muerto, y el apio al huerto.
Volverse humo.
El buen hijo a su casa vuelve.
Pronto y bien, rara vez juntos se ven.
Vísteme despacio que estoy de afán.
Date tono Mariquita, que un aguador te solicita.
Sobre la marcha, ¡rompan filas! (Durante el periodo del cuartel de instrucción en España).
Lágrimas y suspiros, mucho desenconan el corazón dolorido.
Amanecerá y veremos.
Paga al contado y líbrate de cuentas chicas.
Buena demanda o mala demanda, el escribano es mi banda.
En tierra de abrojos, abre los ojos.
Cuando hay para carne, es vigilia.
Donde va el mar, que vayan las arenas.
El tiempo es oro.
Irse con la soga entre los cachos.
Obra acabada venta aguarda.
Al estudiante, el tabaco no le falte.
Abájanse los adarves y álzanse los muladares.
De perdidas al río.
El amor: todo lo sufre, todo lo espera.
Oficial diestro, pronto se hace maestro.
Cada día, su pesar y su alegría.
Sobre mojado llueve, y sobre seco a veces.