El que no tiene cabeza, tiene lomo.
Para un madrugador, uno que no duerma.
El que pide y no da, siempre algo tendrá.
Bueno es el vino, cuando el vino es bueno, pero si el agua es de arroyo puro y cristalino, siempre es mejor el vino.
Por San Pedro, saca el ajo y planta el puerro.
Ningún perro lamiendo engorda.
Boca cerrada, más fuerte es que muralla.
Beber sudando agua fría, catarro o pulmonía.
En vender y comprar, no hay amistad.
Me importa un comino.
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
Al pobre el sol se lo come.
Que lo dejen hablar, y no lo ahorcan.
El que come solo, muere solo.
Tu amigo tiene un amigo, y el amigo de tu amigo tiene otro amigo; por consiguiente, se discreto.
¿Qué hacer, Gaspar?. Como para cenar.
Deja a la gente que está muriendo y acude a la que está pariendo.
No hay almohada más blanda que una conciencia tranquila.
Si la habilidad podría ser ganada mirando, perros serian carniceros.
Angelitos al cielo, y a la panza los buñuelos.
Al aguador, su cuba y no la borla del doctor.
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
Es preferible sufrir un agravio que causarlo.
Honra sin provecho no duerma bajo mi techo.
El arandino se lava con vino, lo lleva de camino y lo bebe de continuo.
Se pueden encontrar seguidores sinceros no por la fuerza sino por buenos modales.
Un dolor alivia otro dolor, y un amor cura otro amor.
No es ni chicha ni limonada.
Agárreme, que llevo prisa.
En mi casa y en mis anchuras y tres "peos" para el señor cura.
Líbrame Dios del agua brava, que de la mansa me cuido yo.
Lisonja hostiga, nobleza obliga.
La buena cena, temprano suena.
Calle mojada, caja cerrada.
A quien labora, Dios lo mejora.
No hay medicina para el miedo.
Esto está color de hormiga.
El uso es maestro de todo.
No todo lo grande es bueno, pero todo lo bueno es grande.
No te esfuerces por obtener un exceso, cuando tienes cubiertas las necesidades.
El vino malo es mejor que el agua buena.
Buenas palabras, cantar de cigarras.
Al demonio y a la mujer nunca les falta quehacer.
Lo que siembras cosechas.
El rayo y la maldición dejan sana la ropa y queman el corazón.
Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
No preguntes que el tiempo te lo dirá, que no hay cosa más bonita que el saber sin preguntar.
A la vuelta de la esquina, ¡adiós al amigo!
Al matar los puercos, placeres y juegos.
Mal que me quieren mis comadres porque les digo las verdades; bien que me quieren mis.