Mujer pecosa, mujer candela.
Come para vivir, pero no vivas para comer.
Quien tiene buen huerto, cría buen puerco.
Si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno, ni es bueno el maestro.
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.
La cana engaña, el diente miente, pero la arruga, no cabe duda.
Quien solo piensa en lo que en su vientre entra, no vale más que lo que de su vientre sale.
Juntos en las duras y en las maduras.
Cuando hay sospechas, haya cautela.
La edad no juega ningún papel, a no ser que se sea un queso.
Hay más santos que nichos.
No creas en el llanto de un heredero, muy a menudo no es más que una risa disimulada
Piedra que rueda no hace montón.
El hijo muerto, y el apio al huerto.
Bella o fea que sea, no la tengas jamás en compañía.
El poco seso canta en la mesa y silba en el lecho.
Al pan pan y al vino vino.
No hay dicha, sino diligencia.
No repartas tus palabras a la gente común ni te asocies a uno demasiado expresivo de corazón.
Dios encuentra un ramo bajo para el pájaro que no puede volar
A liebre ida, palos al cubil.
El que cabras cría, va a juicio cada día.
Lo que a la sombra se urdiese, a la luz del día aparece.
El que de muchacho no trota, de viejo tiene que galopar.
Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada, llamaba puño.
Asno, juez y nuez, a golpes dan sus frutos.
La mucha confianza es cuna de menosprecio.
Si al mediodia el rey dice que es de noche, tú contempla las estrellas.
En casa pobre, pocos cuentos.
Con azúcar y miel, cagajones saben bien.
Casa sin hijos, higuera sin higos.
Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.
Quien da para recibir no da nada
Un poco de ayuda es mejor que un mucho de compasión.
La lengua de las mujeres es su espada, y, por cierto, nunca la dejan enmohecerse.
El hombre más fuerte del mundo es el que está solo
El mejor cazador, miente más que caza.
El mucho hablar es dañoso, y el mucho callar no es provechoso.
Al amigo y al caballo no apretallo.
Creerse incapaz de algo, es casi ya serlo.
Más vale un buen morir que un mal vivir.
El dueño de la casa sabe donde gotea su tejado.
El hijo de la cabra, cabrito ha de ser.
Nunca te acostarás sin saber una cosa más.
A los audaces la fortuna les ayuda.
El secreto de la vida no está en vivir, sino en vivirla.
Conforme es el árbol así es el fruto.
Gran trabajo tiene, quien comentar a todos quiere.
Echa cuentas, que te saldrán cuentos.
La carne está pronta y el cuchillo no corta.