Hasta la muerte, todo es vida.
Ni comas crudo ni andes a pie desnudo.
Ni en burlas ni en veras, pidas al melonar peras.
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
La sátira Solo ofende, a la gente que la entiende.
A por ellos, que son pocos y cobardes.
No hay pero que valga.
No te creas caballero porque te llamen don Dinero.
Mal ajeno, a nadie le importa un bledo.
Palabra de boca, piedra de honda.
No hay hombre tan bravo que el tiempo no haga manso.
El buen alimento cría entendimiento.
Ni amor forzado, ni zapato apretado.
Un huésped constante nunca es bienvenido.
Los difuntos, todos juntos.
Donde nada nos deben, buenos son cinco dineros.
Para el particular, paso regular. Para el contratista, vista. Para el Ayuntamiento, paso lento. Pa la Diputación, buena canción. Pal Estáu, echáu.
No esperes nada de aquel que promete mucho.
La confianza mata al hombre.
Da lo tuyo antes de morir, y dispónte a sufrir.
Veinte años puta y uno casada y eres muy honrada.
Hombría y machismo, no son lo mismo.
No quieras tapar el sol con un dedo.
Lo que puedas hacer hoy, no lo dejes para mañana.
Los mejores consejos, en los más viejos.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
No temas de ser lento, teme solo a detenerte.
A buen amigo buen abrigo.
Dios te guarde de tahonero novel y de puta de burdel.
Salud para mí, trabajo para mi marido.
Dinero guardado, barco amarrado.
A la mujer ventanera, tuércela el cuello si la quieres buena.
Al vino y al niño hay que criarlos con cariño.
Da órdenes, no hagas más y nadie se moverá.
La burla, para quien le gusta.
Un buen día nunca se olvida.
Con estudiante y soldado, mozuelas, mucho cuidado.
Detén con suavidad, deja ir con suavidad. Este es uno de los mayores secretos de la felicidad en el amor.
Hablando la gente se entiende.
Divide y vencerás.
Hay hombres que no beben, porque ser indiscretos temen.
Juntos pero no revueltos.
A carnicera por barba, y caiga quien caiga.
A las mujeres y a los charcos no hay que andarles con rodeos.
El espejo y la amistad siempre dicen la verdad.
No pidas que otro haga lo que tu puedes hacer.
Más quiero cardos en paz, que no salsa de agraz.
Para vivir una vida desprendida, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad.
Si tienes que hacer el bien, fíjate antes a quién lo haces
En la casa del cura, siempre reina la ventura.