Barba remojada, medio afeitada.
Beldad y hermosura, poco dura; más vale la virtud y la cordura.
Inclinar la balanza.
A Dios se dejan las cosas, cuando no tienen remedio.
Del sabio, poeta y loco, todos tenemos un poco.
Jarro de cristal o de metal o de plata, no refresca el agua; el mejor jarro, es el de barro.
Hombre canoso, hombre hermoso.
Las obras, con las sobras.
Cuando el español canta, o ha llorado o no tiene blanca.
Al año caro, armero espeso y cedazo claro.
Sin padrino no se hace ni el milagro del Santo Cucarro, que con agua y tierra hacía barro.
Paja al pajar y barberos a rapar.
Las indirectas del padre Cobos.
Vuela el tiempo y nos arrastra en su vuelo.
Agua, sol y basura y menos libros de agricultura.
Al amigo cuando lo pruebas, a veces chasco te llevas.
Todo lo que no se da, se pierde.
El poco seso canta en la mesa y silba en el lecho.
Más aburrido que un mico en un bonsái.
Blanco o negro, el perro siempre es perro.
Es más limpio que el cuello de un sacerdote.
Quien se vuelve dulce miel, las moscas dan cuenta de él.
Estudiante memorista, pozo a simple vista.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
Ni poeta con dinero ni mujer sin pero.
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.
Cualquier hombre, hasta el más serio, antes cornudo que en el Cementerio.
Dinero de suegro, dinero de pleito.
Más cura el tiempo que soles y vientos.
En la felicidad, el corazón se funde como la nieve en primavera
Con el marisco, nada de vino arisco.
Quien tiene poco que ponerse, rápido está engalanado.
Loco está el que cree en las lágrimas de un heredero
Cebo haya en el palomar que las palomas no faltaran.
De persona palabrera, nunca te creas.
La lluvia de Abril cabe en un barril.
La ropa sucia se debe lavar en casa.
De noche y si está la suegra, se ve hasta la leche negra.
El levante las mueve y el poniente las llueve.
El que poco tiene a poco aspira.
El dinero es bien venido aunque llegue en una bolsa sucia.
A la mañana el blanco y el tinto al serano.
Abril, sácalo de cubil; y dijo la buena vieja: lo mío al cenojil.
Antes di que digan.
Entre reventar o peer, ¿qué duda puede haber?.
Dilatar la cura y pedir para la untura.
Todo lo que brilla, no es oro.
En pocos miles, pocos cientos.
Con gente de mala casta ni amistad ni confianza.