Tras cada pregón, azote.
Cuando en Mayo hay lodo, no se pierde todo.
Al cobre y al estaño, mucho paño.
Lo que humedecido viene, muy prontico se reviene.
Aunque mucho suena, solo echa aire la trompeta.
Entre el silencio del velorio mudo, se le zafa a cualquiera un estornudo.
Variante: Palabras y plumas el viento las lleva.
Difama, que algo queda.
Niebla en la Montaña, labrador a tu cabaña.
Si el pimentonero se acerca a tu casa, la nieve baja.
Para poca ventura, remedio es la sepultura.
Agua de lluvia, siempre delgada y nunca sucia.
Pulgas tiene la viuda, busque quien se las sacuda.
La esencia fina viene en frasquito chico.
El perro flaco todo es pulgas.
De la cuchara a la boca, se cae la sopa.
Una escoba ataviada, por dama hermosa pasa.
Por pulido que sea, no hay culo que no pea.
El chocolate, muy movido y poco hervido.
Aire gallego, escoba del cielo.
Pan con sudor, sabe mejor.
Chimenea acabada, a los tres días ahumada.
Humo y mala cara, sacan a la gente de casa.
Las gotas de lluvia eran tan grandes como ubre de vaca.
La paja solamente se ve en el ojo ajeno.
La tos seca es de la muerte trompeta.
Cada pelo hace su sombra en el suelo.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Del gaznate para abajo, todo sopas de ajo.
Barro y cal, encubre mucho mal.
A candil muerto, todo es prieto.
Se puede esconder el fuego, pero ¿Qué se hace con el humo?
Paloma que vuela . . . a la cazuela.
Es como la mierda del pavo que ni sabe ni huele.
Pon tu culo en concejo; uno te dirá que es blanco, otro que es bermejo.
Niebla en el valle, labrador a la calle.
Antes falta la palabra en la plaza, que el estiércol en la haza.
Luna que sale colorada, próxima ventada.
Zumo de uvitas suaves, ¡qué bien sabes!.
Llanto de viuda, presto se enjuga.
Callar y callemos que todos de barro semos.
Bolsillo vacío, trapo le digo.
Es puro jarabe de pico.
Ni compres de ladrón, ni hagas lumbre de carbón.
Mal haya carbón de haya.
Niebla en alto, lluvias en bajo.
Borroncitos en la plana, azotitos en la nalga.
El veneno como el perfume vienen siempre en frasco pequeño.
Plata de cura, ni luce ni dura.
Al triste, el puñado de trigo se le vuelve alpiste.