Esto es como quitarle un caramelo a un niño.
Más ablanda el dinero que palabras de caballero.
El que vive en una casa de cristal no debe tirar piedras.
El perfume de los cipreses sigue la respiración del viento. Las palabras de amor de la amada guían el curso de la vida de un hombre
De lo ajeno, gastar sin miedo; de lo propio, poquito a poco.
Plata en mano, culo en tierra.
Da voces al lobo, respóndete el eco.
A la mujer, búscala fina y limpia, que gorda y sucia ya se hará.
Ni tan adentro del horno que te quemes, ni tan afuera que te hieles.
A la hija de tu vecino, límpiale el moco y cásala con tu hijo.
Las cosas en caliente pegan.
Adoba tu paño y pasarás tu año.
Cortesía de boca, mucho consigue y nada cuesta.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
La muerte todas las medidas vierte.
Soplo de marzo y lluvia de abril, a agosto y septiembre los hacen reír.
Lo que se da al pobre se guarda en el cielo.
Favor del soberano, lluvia en verano.
Los votos hechos durante la tormenta se olvidan al llegar la calma.
La voz del culo no admite remedio ni disimulo.
Hay que creer, rajar o desastillar.
El que no mira, suspira.
Cuando no hay blanditas, le entramos a las duras.
¡Oh, si volasen las horas del pesar como las del placer suelen volar!.
Despistado como perro en cancha de bochas.
Andar con pies de plomo.
A cabellos enredados, piojos por descontado.
Bocado engullido, su sabor perdido.
Como el asno, tocaste la flauta por casualidad.
La mejor palabra es la que no se dice.
El hablar es plata y el callar es oro.
Secreto dicho a mujer muy pronto se ha de saber.
La joya no puede ser pulida sin fricción, ni el hombre perfeccionarse sin dificultades.
Donde no hay escritura, no hay obligación. Porque las palabras se las lleva el viento.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
La fortuna es veleta, nunca se está quieta.
Propagación mear no espuma.
Las más suaves angarillas, también matan las cosquillas.
La ocasión la pintan calva y hay que cogerla por los pelos.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
Cielo empedrado a las veinticuatro horas mojado.
Escucha el silencio... que habla.
Bueno es el vino, cuando es del fino.
Sea, que el tiñoso por pez venga.
La leche cocida, tres veces subida.
Gotita a gotita, la sed crece y no se quita.
Iráse lo amado y quedará lo descolorado.
Los fusiles y cañones, lubricarlos con razones.
Labor de Mencia, murmurar de noche y holgar de día.
Cuando la paja se mete en el pajar, las mocitas ya pueden trasnochar.