Los hijos del herrero no tienen miedo a las chispas.
Mientras mi vecina sea boba, ¿quién me manda comprar escoba?.
Agua de Agosto, azafrán, miel y mosto.
Al hijo de la hija, métele en la vedija; al de la nuera, dale pan y échale fuera.
El agua es blanda y la piedra es dura; pero gota a gota, hace cavadura.
Palabra dada, palabra sagrada.
Saco de yerno, nunca es lleno.
Cargado de hierro y cargado de miedo.
Cambio de costumes, gran pesadumbre.
Tu secreto debe pasar a ser parte de tu sangre.
Confesión obligada, no vale nada.
A nadie le huelen sus peos ni sus hijos les parecen feos.
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
La oración breve sube al cielo.
Si llueve en Febrero, en todo el año hay tempero.
El que debajo de una hoja se posa, dos veces se moja.
Nadie busca ruido con su dinero.
El hablar, es más fácil que el probar.
Más imprevisto e incierto, que pedrada en ojo tuerto.
Horizonte claro con cielo nublado, buen tiempo declarado.
Cuando el gran señor pasa, el campesino sabio hace una gran reverencia y silenciosamente se echa un pedo.
Sin el oro y la plata, todo es patarata.
Por las faldas se sube a las montañas.
La mujer gentil, de un pedo apaga el candil.
No me abra los ojos que no le voy a echar gotas.
Al asno a palos y a la mujer a regalos.
Dineros y amores, diablos y locura, mal se disimulan.
Nunca falta un roto para un descosido, ni una media sucia para un pie podrido.
Ropa dominguera, del portal pa fuera.
A gloria me sabe el vino que viene de blanca mano y en un cristalito fino.
Predicar en desierto es como aconsejar a un muerto.
El que tenga rabo de paja, no se arrime a la candela.
El vino en jarro cura el catarro.
Leña de romero y pan de panadera, la bordonería entera.
El trabajo del lino no es fino.
Lo pasado, pasado, borrón y cuenta nueva.
Como caldo de zorra, que esta frío y quema.
Zapaticos de charol, ni para el frío ni para el calor.
Oro en manos de pobre, parece cobre.
Golpear la cabeza contra un muro de ladrillos
Echarle mucha crema a sus tacos
Por dinero baila el perro, y por pan si se lo dan.
Que cada cual espante sus pulgas.
A cada paje, su ropaje.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
Quien escurre el bulto, se evita el insulto.
El día que no escobé, vino quien no pensé.
Enero las quita el sebo, Febrero las descoyunta, ellas mueren en Abril, y Mayo lleva la culpa.
Siempre queda algo de fragancia en la mano que da rosas.
De ese infierno no salen chispas.