Beber, hasta la hez.
Palabras buenas abrirán puertas de hierro.
Más vale callar y parecer tonto, que abrir la boca y despejar dudas.
Hacia ti acusas cuando murmuras.
Quien no da nudo, pierde punto.
Mujer llorona, es puta o ladrón.
Borrón de escribano no es sin engaño.
Cada uno como pueda se explique, y se rasque donde le pique.
Mal está el ama, cuando el barbero llama.
Ya se murió el emprestar, que le mató el malpagar.
Tienes que tener cuidado con lo que pides porque te lo pueden dar.
Poco y en paz, mucho se me haz.
No compres de quien compró; compra de quien heredó, que no sabe lo que costó.
El que sabe obedecer, no tiene derecho a mandar.
Si te molesta que te mientan, no preguntes.
A Dios de rodillas, al rey de pie, y al demonio en el canapé.
El que guarda, halla.
Aún no eres bienaventurado si del pueblo no eres burlado.
Si atendido hubiese el consejo de su padre, otro gallo le cantare.
Lo malo, a quien lo apetece, bueno y justo le parece.
A diente cogen la liebre.
No hemos conocido el bien hasta que lo hemos perdido.
Llagas hay que no curan, y toda la vida duran.
Pan ajeno, caro cuesta.
Atajar al principio el mal procura, si llega a echar raíz, tarde se cura.
El pan ajeno hace al hijo bueno.
O jugamos todos o pinchamos el balón.
No vengas a asustar con el petate del muerto.
Dios no desampara a sus hijos.
Mal se hospeda quien llega tarde a la venta.
El amo no siempre tiene razón, pero es el amo.
Zapatero a tus zapatos.
A fiar lo asesinó el mal pagar.
Hombre mezquino, no pida ayuda a su vecino.
Nada con nada, total nada.
Madrastras, reniego de ellas y de su casta.
En la casa del ahorcado, nombrar la soga es pecado.
El flojo y el mezquino recorren dos veces el camino.
No te fíes del perro que cojea, ni de la mujer que lloriquea.
El vino y la verdad, sin aguar.
Mal suena el Don sin el din.
No hay tu tía.
Viejo con mujer hermosa, mala cosa.
Al que quiera saber, mentiras a él.
A caballo corredor y hombre reñidor poco le dura el honor.
La jodienda no tiene enmienda.
Te quiere bien quien te pone casa en Jaén.
Tripa vacía, ni ilusión ni alegría.
El burro busca al otro burro para rascarse.
Al buen segador, nunca se le olvida la hoz.