El pícaro en el penal, se afila más en el mal.
Quien se vanagloria de un vicio lo hace de todos
Dios castiga sin palo ni piedra
El que se escusa, se acusa.
Tras el vicio viene el lamento.
Castigo de uno, escarmiento de muchos.
Paga adelantada, paga viciada.
Busca arrepentimiento, el que busca casamiento.
Humano es el errar y divino el perdonar.
Perdona el error, pero no lo olvides.
La gula y concupiscencia, matan más que la abstinencia.
Hacer más daños que un mico en un pesebre.
Dios castiga sin piedra ni palo.
Ningún mortal peca, cuando defeca.
Derramar vino, buen desatino; derramar sal, mala señal.
El vicio, saca la casa de quicio.
La contemplación del vicio es vicio.
Quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda.
A mocedad viciosa, vejez penosa.
Juicio contra hecho hace lo tuerto derecho.
La vergüenza y la castidad una vez perdidas, para toda la eternidad.
Confesión obligada, no vale nada.
Cuando el pastor pierde la oveja, paga con la pelleja.
Quien adama a la doncella, el alma trae en pena.
Una equivocación, cualquiera la tiene.
Errar es humano, perdonar es de sabios.
Dichosos aquellos cuyos errores cubre la tierra.
El perdón sobraría donde el yerro falta.
La impureza, pesa.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
Comer sin apetito, hace daño y es delito.
Maldita seas, ave; la pluma, más no la carne.
Santo que mea, maldito sea.
Una imprudente palabra, nuestra ruina a veces labra.
Malo es errar, pero peor es perseverar.
Casar, casar: bueno es de mentar y malo de llevar.
A la sombra del favor, crecen vicios.
Confiesa el delito el que huye del juicio.
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.
Te perdono el mal que me haces nomás por lo bien que me caes.
Lo mal ganado, ello y su dueño se lo lleva el Diablo.
Capa de pecadores es la noche, señores.
Juzgué de ligero y arrepentirme presto.
La culpa del asno echarla a la albarda.
Aquí jodido, pero usted no tiene la culpa.
Las personas que tienen muchas faltas, son las que más critican a otros.
Juez que dudando condena, merece pena.
A agentes y consintientes, la misma pena se debe.
Abad, judío y madona, jamás perdonan.
El yerro encelado, medio perdonado.