No hay mucho que no se acabe, ni poco que no alcance.
Enfermedad a plazo fijo, señal es de nuevo hijo.
Cachetón en cara ajena, cara cuesta la docena.
Al músico viejo le queda el compás.
Vivir sin pena ni gloria, como el burro de Vitoria.
Amigos, oro y vino viejo son buenos para todo
Hay ropa tendida.
Cuando vivas entre zorros, zorrea tu un poco.
El corazón de un niño: espera lo que desea.
Dulce y vino, borracho fino.
Ante la duda, abstente.
Mirad vuestros duelos y dejad los ajenos.
El tiempo todo lo amansa.
El que busca halla, y a veces, lo que no pensaba.
En camino largo, corto el paso.
Amigos, oros y vinos, cuanto más viejos, más finos.
Oye primero y habla postrero.
Un coloño bien atao, evita dos mandaos.
Bebe caldo, vive en alto, anda caliente y vivirás largamente.
No hay más amigo que Dios y el duro en la faltriquera.
Si tienes un amigo, visítalo con frecuencia pues las malas hierbas y las espinas invaden el camino por donde nadie pasa.
Amigos que se conocen, de lejos se saludan. Desaconseja las amistades muy profundas.
Mas vale vergüenza en cara que dolor de corazón.
Una deuda, veinte engendra.
Pan de hoy, carne de ayer y vino de antaño y vivirás sano.
Más vale fortuna en tierra que bonanza por la mar.
Dios da las nueces, pero no las parte.
Lo que sea que suene.
Se llena antes el ojo que el papo.
Tierra, cuanta veas, casa, en la que quepas.
Quien da no debe acordarse; quien recibe no debe olvidar nunca
A Dios se dejan las cosas, cuando no tienen remedio.
Dar puntada sobre puntada, como sastre en víspera de pascua.
Para muestra basta un botón.
Nadie querría para sí.
El hombre acucioso y fuerte. no confía Solo en la suerte.
El tiempo todo lo alcanza, a la corta o a la larga.
Espera que se acabe el circo para verle la cara a los payasos.
Quien tiene el estómago lleno, dice: ayunemos.
Tantos trabajos y a la vejez andrajos.
Pasar amargura por ganar hermosura.
Día vivido, día perdido.
Casa compuesta, caja en la puerta.
Amor es el verdadero precio del amor.
El bien que se venga a pesar de Menga, y si se viene el mal, sea para la manceba del abad.
En el ánimo moran continuamente la felicidad y la infelicidad. De vez en cuando salen a dar un paseo
Mucho te quiero perrito; pero de pan, poquito.
Haber sido "toriao" en muchas plazas.
Menos perro, menos pulgas.
La abundancia como la necesidad, arruina a muchos.