El can en Agosto, a su amo, vuelve el rostro.
Mujer graciosa, vale más que hermosa.
Al perro más desmedrado dan el mejor bocado.
Yo no lo entiendo, que tanta gente de bonete dónde mete.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
Es como el cilindro, que cualquiera lo toca pero no cualquiera lo carga.
Amigo insincero, hago cuenta que perdí, de mi mula el sudadero.
Los hijos de Verdolé, que le enseñan a su padre a joder.
El lobo no teme al perro pastor, sino a su collar de clavos.
Virgo y mocedad no vuelven nunca cuando se van.
Que cada zorro cuide su propia cola.
Cada uno es muy libre de hacer de su capa un sayo.
No fío, porque pierdo lo mío.
Con un dios le bendiga no se compra nada.
Hacer algo de cayetano.
Dice San Ginés que el que tiene cara de bruto lo es.
A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
A quien presta nada le resta.
Quien tiene miedo tiene desgracia.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
Quien a otra ha de decir puta, ha de ser ella muy buena mujer.
Para ver la buena gente solo un ojo es suficiente.
Está más entristecido, que mico recién cogido.
Es por bondad de corazón por lo que el cangrejo rechazó que Dios le fabricara una cabeza.
Ni hables como doliente, ni vivas entre vil gente.
Quien hace lo que puede, hace lo que debe.
Cualquier sastre del campo, al del pueblo le hace un flu.
Lo que no cuesta no vale.
Pensando en pajarito preña'o
Al final, la cabra siempre tira para el monte.
Amigo que no da, poco me importa ya.
La carne sobre el hueso relumbra como un espejo.
Ninguno puede vender, su alma a Dios y a Lucifer.
El que no cae, resbala.
A la fuerza, no hay razón que la venza.
Ni es carne, ni es pecado.
La mujer como la vaca, se busca por la raza.
De hijos y de bienes, la casa llenes.
Solo el ruiseñor es capaz de comprender a la rosa.
Casamiento santo sin capa él y ella sin manto.
Por San Martín, trompos al camino.
De cada diez hombres favorecidos, cinco contentos y cuatro desagradecidos.
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
Un mendigo se compadece de otro que está parado enfrente de una puerta
Pelean los toros, y mal para las ramas.
Para creer hay que querer creer
El que es sabio nunca enceguece.
Muchos pocos hacen un mucho.
Una alegría esparce cien pesares.
Todos desnudos nacemos, aunque vestidos nos vemos.