Debajo de la hiel suele estar la miel.
La viuda que se arrebola, por mi fe que no duerme sola.
No basta parecerlo, hay que serlo.
Para la hormiga el rocío es una inundación.
Yerno, sol de invierno, sale tarde y pónese luego.
A más no poder, acuéstome con mi mujer.
Menos correr y más hacer.
El trabajo no deshonra, dignifica.
Variante: Ver para creer y para no errar, tocar.
Del que yo me fío me guarde Dios, que de los que no me fío, me cuido yo.
Cada día tiene su trabajo suficiente.
La muerte todo lo ataja.
En casa del bueno, el ruin tras el fuego.
Nunca peca por estulto, quien sabe escurrir el bulto.
Con caracoles, higos y brevas, agua no bebas.
De pequeños principios resultan grandes fines.
Quien siembra, siega.
La oprtunidad la pintan calva.
Solo no da traspiés el que no tiene pies.
No hay árbol que el viento no haya sacudido.
Ante Dios, todos somos iguales.
Lo que cada uno vale, a la cara le sale.
Ni asno rebuznador, ni hombre porfiador.
Para aprender, lo principal es querer.
Lo que siembres, recogerás.
Para atrás ni para coger impulso.
El uso hace al maestro.
Quien no da nudo, pierde punto.
Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer.
La palabra del erudito, en religión, es una flor, mas no te promete ningún fruto.
Ni patos a la carreta, ni bueyes a volar, ni moza con viejo casar.
La muerte y el juego, no respetan privilegios.
Entre casados, valor, que ya aguantarse es amor.
Al matar los puercos, placeres y juegos.
Ciertas son las trazas, después de las desgracias.
Mujer Besada mujer ganada.
Cada raposa mira por su cola.
Sé constante y ten ánimo en tus trabajos.
Con el viento fuerte se conoce la resistencia de la hierba.
A consejo de ruin, campana de madera.
La buena comida, entra antes por los sentidos que por la barriga.
Sin virtud poco vale la salud.
Quien no arrisca, no aprisca.
Hombre bondadoso, nunca envidioso.
La basura se deja solo a quienes trabajan con ella.
Otoñada segura, San Francisco la procura.
Sobre gustos y colores no han escrito los autores.
Algo sabe el que no sabe, si callar sabe.
El hambre aguza el ingenio.
Madre e hija caben en una camisa; suegra y nuera, ni en una talega.